[Poslanie Vassiana]. Entre los documentos relacionados con la época en que los príncipes de Moscú intentaron sacudir el yugo tártaro que desde hacía tres siglos pesaba sobre la tierra rusa, merece recordarse de modo muy especial esta Epístola de Vassian, arzobispo de Rostov. Pues, en efecto, el texto nos informa acerca de uno de los episodios de las luchas mantenidas entre el khan Akhmet e Iván III. Cuando este último se hallaba acampando con sus guerreros en las riberas del Ugra, dudaba en entablar batalla con el khan. Sus consejeros, por otra parte, colaboraban en afirmarle en sus dudas; los unos señalaban que desde hacía tiempo los príncipes rusos habían prestado juramento de no levantar jamás su espada contra el tártaro, otros le recordaban la suerte de Basilio, su padre, hecho prisionero por el enemigo en cuestión.
Fue entonces cuando el alto clero ortodoxo dio pruebas de gran valor. La Epístola de Vassian nos lo prueba. He aquí lo que el arzobispo escribe a Iván: «Nuestra tarea, como representantes de la Iglesia, consiste en decir la verdad a nuestros soberanos. Lo que ya te dije de viva voz, te lo repito por escrito. Cuando tras las súplicas de tu madre, del metropolitano, de los príncipes y de los boyardos, tú consentiste finalmente en abandonar Moscú y reunir tu ejército, todos nosotros hemos rogado al Señor que te conceda la victoria. Pero, ¡oh estupor! ¿qué vemos? Akhmet se aproxima haciendo temblar a la Cristiandad…
Tú contemporizas, dudas, le envías mensajeros. En una palabra, buscas una solución de compromiso. Príncipe soberano, ¿por qué, pues, pides consejo?». A continuación, el viejo arzobispo exhorta al príncipe a la acción, le conjura a ser valiente y a que piense en Dios: «Conviene a un príncipe tener fuerza y coraje y poseer la estima de sus soldados». Le suplica que tome ejemplo de sus tres gloriosos antepasados: los príncipes Igor, Svyatoslav y Vladimir. Llega incluso a amenazarle diciéndole: «Has de saber que la sangre de los cristianos caerá sobre ti si llegas a renunciar a hacer frente a nuestro enemigo». La crónica nos cuenta que al recibir esta Epístola el príncipe Iván se avergonzó de sí mismo: reorganizó sus fuerzas y se dispuso a resistir a ultranza.
Si se considera la Epístola de Vassian sólo bajo el punto de vista literario, se verá que reúne todas las características de una obra del más alto valor. De hecho no pretende más que una sola cosa, despertar el valor del soberano. Y este punto ha sido tratado por Vassian con la más viril energía. Los numerosos ejemplos bíblicos e históricos en que busca apoyar sus argumentos dan fe de la gran cultura del escritor. Aparte del conocimiento de la palabra de Dios, el arzobispo demuestra su profundo saber de la filosofía griega.
En cuanto a la lengua, reúne a la par elementos del eslavo de la Iglesia y de la lengua eslava popular; y a ello se debe precisamente su colorido y personal acento. En la profunda exégesis de la Epístola llevada a cabo por el historiador Soloviev, ha revelado este investigador hasta las menores particularidades de la lengua de Vassian, y, a continuación, muchos fueron los autores que la hicieron objeto de estudio. Tales son los motivos por los que esta Epístola figura entre el tesoro de la vieja literatura eslava.

