Elegancias de la Lengua Latina, Lorenzo della Valle

[Elegantiae latinae linguae]. Obra doctri­nal escrita en latín, en seis libros, entre los años 1435 y 1444, por el humanista, llamado también Valla (1407-1457), y divulgada contra la voluntad de su autor des­de 1444. Se considera su obra maestra, o por lo menos su libro más representativo, al lado de la polémica acerca de la Dona­ción de Constantino (v.). Como anterior­mente en las Disputaciones dialécticas (v.) se había mostrado audaz negador de la cul­tura medieval de tipo aristotélico, ahora el humanista pasa a discutir la naturaleza del latín, entendido como lengua maravillosa que dominó el mundo civilizado y ostenta todavía los signos del mayor imperio que ninguna civilización mantuvo jamás. Obras originales, traducciones del griego, institu­ciones de Derecho, verdades religiosas, todo contribuía a conferir a la austera lengua de Roma una voz incorruptible digna de ser siempre maestra de las naciones: de aquí la necesidad de volver a aquel espléndido ejemplo de idioma, más allá de la corrup­ción y de la confusión de los siglos medios. Valla quería devolver al latín su antigua pureza, desterrando para siempre el uso pe­dantesco de reglas y gramáticas, apartadas del conocimiento vivo de los textos y auto­res clásicos, y recomendando una norma directamente sacada del ejemplo de los gran­des escritores. Una parte muy aguda de la obra es la dedicada al examen de los clá­sicos, especialmente Cicerón y Quintiliano.

Y en el último libro se consignan algunas investigaciones que tienden a una estruc­tura formal completa y a una meditada ex­presión filosófica: en este libro se combaten las opiniones de Varrón, de Boecio y de otros acerca de la significación de algunas palabras latinas. Importante por la distin­ción de los períodos de la latinidad anti­gua, la obra tiene sin embargo el defecto de creer que el latín antiguo es la única norma para los siglos posteriores, hasta el punto de fijar a su vez nuevas reglas y preceptos de estilo. La parte más original está constituida por las notas críticas en que se examina la personalidad estilística de los antiguos, tanto en prosa como en poesía, con un método completamente desconocido de los latinistas precedentes, admiradores empíricos de la latinidad. La obra provocó ásperas discusiones: es famosa la polémica sostenida con Poggio Bracciolini, quien acu­só a Valla de copiar a los antiguos y de comprometerlos, al mismo tiempo, al mezclarlos en sus ideas libertinas y heréticas. Este es un vivo testimonio de las extrava­gancias de los humanistas italianos,, que con­tribuyeron no poco a hacerlos famosos por toda Europa.

C. Cordié