El Sacrificio de la Misa, Gonzalo de Berceo

Poema dedicado a exaltar el valor de este sacrifi­cio, obra del poeta español Gonzalo de Berceo (nacido en la Rioja a fines del siglo XII), escrito en «cuaderna vía», su metro característico. Aunque este poema no está a la altura de los Milagros (v.) o de la Vida de Santa Oria (v.), no deja, con todo, de tener aciertos parciales. Tras un comienzo típico de Berceo, «En el nombre del rey que regna por natura, / que’s fin e comienzo de toda creatura, / se guiarme quisiesse la su sancta mesura / en su honor querría fer una escriptura».

El autor empieza hablando de los sacrificios en el Antiguo Testamento, para pasar después al advenimiento de Cris­to, ponderar el valor del nuevo sacrifi­cio e ir describiendo cada una de las partes de la misa. El poeta las va relacionando con pasos y episodios del Antiguo Testa­mento: así el comienzo de la misa es rela­cionado con las lamentaciones de los pa­triarcas de la Antigua Ley; destaca el valor de las partes más importantes: Evan­gelio, Credo, Ofertorio, etc., a la vez que va ilustrando sobre el comportamiento de los fieles que asisten al sacrificio. Y no so­lamente de los fieles, sino de los mismos sacerdotes, como cuando al hablar de la consagración y del valor de la sangre de Cristo, dice: «El que missa canta, si bien lo quisiese fer / aquella sangre debe en corazón tener», momento que aprovecha para insistir de nuevo en el valor del nuevo sacrificio y para hacer la evocación corres­pondiente de la Antigua Ley: la del cor­dero pascual.

Finalmente Berceo se despide pidiendo a los fieles que rueguen por él: «Sennores e amigos quantos aquí seedes, / merget pido a todos por la ley que tenedes / de sendos pater nostres que me vos ayudedes: / a mí faredes algo, vos nada non perdredes». El sacrificio de la misa acusa cierta imperfección y dificultad en el manejo de los tetrástrofos y le falta aquella limpidez e ingenuidad de los otros poemas.