El Mesías, Georg Friedrich Haendel

[Messiah]. Oratorio en tres partes de Georg Friedrich Haendel (1685- 1759), sobre texto sacado de la Sagrada Escritura y adaptado por el maestro y por su amigo, el rico aficionado al arte Cari Jennens. Compuesto en 23 días, entre el 22 de agosto y el 14 de septiembre de 1741, el oratorio fue estrenado en Dublín, en 1742. Lo menos 66 ediciones de su música se publicaron entre 1763 y 1869.

El libreto no encierra una acción ni distingue grupos de momentos líricos, sino que se refiere a sentencias bíblicas, a los libros de los Pro­fetas, a los Salmos (v.), a los Evangelios (v.) para evocar el anunciado advenimiento del Salvador. Este libreto mesiánico, en cuya redacción colaboró activamente, se­gún parece, el propio Haendel, fue alaba­do por Klopstock, Herder y Goethe. Haen­del presupone que la historia del Naci­miento, de la Pasión y de la Muerte de Jesús está presente en todos, en la memo­ria y en el alma, y, descartada toda forma de diálogo, evitando lo histórico y los per­sonajes concretos, se propone cantar poe­máticamente con las mismas palabras bíbli­cas algunos de los mayores acontecimien­tos, momentos y comentarios mesiánicos. Y alterna, sin rigor dialógico, pero con pre­ocupaciones de oportunidad intrínseca al arte, los recitativos — pocos y breves — con las arias y los coros. Por esta disposición su trabajo es absolutamente original, tanto por la belleza de las distintas partes musi­cales como por la estructura de la compo­sición.

Esta obra es como una sinfonía con voces solistas y corales. Dividida en tres partes, consta de una «obertura» («Grave- Allegro») y de catorce arias (cinco para bajo, otras tantas para soprano, dos para tenor y dos para contralto), trece recita­tivos, antepuestos a arias o coros, dos «ario­sos», un dueto (tenor y contralto), y vein­tiún coros a cuatro voces con orquesta. No hay, en cambio, fragmentos para solista y coro. Las expresiones cristianas acerca de la vida o la misión del Mesías y la propia interpretación de aquella vida y de aque­lla misión, resultan de sentido traslaticio, pero son humanísimas, altamente poéticas y, no obstante, realistas, sin estrecha co­nexión ni con la fe ni con la liturgia. Obra de arte en sentido puro, y por su ámbito espiritual y conceptual, por sus aspiracio­nes a lo pastoral y lo trágico, ligada, na­turalmente, a su tiempo; precisa, definitiva, convincente, exhaustiva, como era propio del estilista Haendel, en su elocuencia me­lódica y rítmica. Demuestran esto hasta sus fragmentos más populares, como los so­los del Buen Pastor que ama tiernamente a su grey, del creyente en la eternidad del alma, y del día del juicio, y los corales, como el formidable «Alleluya» y el pode­roso «Amén» final.

A. Della Corte

Un fresco espléndido, que reúne y sim­boliza en poderoso escorzo toda la sustan­cia de la Sagrada Escritura y todos los as­pectos del genio de Haendel. (M. Brenet)