Son numerosísimos y casi todos fundamentales para el conocimiento de la doctrina budista. Están desparramados por todo el canon «páli», es decir, en el vasto Tipitaka, y más especialmente en el Suttapitaka | Cesto de las enseñanzas doctrinales |. Gautama el Buda (n. 560 a. de C., aproximadamente), trató de difundir la nueva religión mediante la predicación, la enseñanza oral y el razonamiento dialogado. Y su extraordinaria actividad, en la que la eficacia de la palabra se unía a la fascinación intensa de su persona para ganarse el corazón y la mente de las gentes, se hizo inmortal por obra de sus discípulos que han conservado los discursos, las predicaciones y las máximas de Buda, aproximadamente como debió haberlas pronunciado en tantas circunstancias de su larga vida terrenal.
Las palabras inolvidables del maestro, fijadas en la memoria de quienes las habían oído, fueron transmitidas durante largo tiempo oralmente, pero con presumible fidelidad, conforme a la excepcional capacidad mnemotécnica de los hindúes. Probablemente el canon «páli» fue más tarde fijado por escrito en el siglo I a. de C. Famosísima y primera entre las alocuciones de Buda es aquella que, por el lugar donde fue pronunciada, recibe el nombre de «Predicación de Benarés»; en ella se encuentran expuestos los fundamentos doctrinales del Budismo. Se reproduce con absoluta concordancia de detalles en varios lugares del canon «páli» e incluso en textos budistas en sánscrito, lo cual avala la autenticidad del sermón.
Las enseñanzas supremas dadas por Buda en el último período de su vida terrenal nos llegan a través del Mahaparinibbanasutta (v.). Una recopilación de discursos particularmente importante, porque en ella están tratados y discutidos casi todos los temas de la religión budista, es el Majjhimanikaya [Recopilación de discursos doctrinales de mediana extensión], que contiene 152 discursos y diálogos. La contemporánea transmisión oral mnemotécnica de los discursos de Buda ha favorecido un característico estilo retórico, para nosotros bastante hinchado y extravagante, con sus redundancias y repeticiones de palabras, de proposiciones y de fragmentos enteros, acumulados hasta lo inverosímil. Pero en medio de tanta lentitud y monotonía de exposición brillan como piedras preciosas sentencias memorables y sublimes afirmaciones inspiradas por una visión de los problemas eternos que circundan al hombre.
Basten las palabras memorables conservadas en el Dhammapada [Recopilación de palabras sobre la religión] que Buda debió pronunciar inmediatamente después de haber adquirido la «bodhi» («clarividencia»): «El ciclo de muchos nacimientos he recorrido sin descanso buscando al constructor de la casa (es decir los deseos, los placeres mundanos, que son la causa del renacimiento). Tremendo es el renacimiento. Constructor de la casa, estás descubierto: ya no edificarás más casas. Tus vigas están astilladas y el techo de la casa, destruido. El corazón libre ya, ha destruido todo anhelo». Trad. italiana parcial de K. E. Neumann y G. De Lorenzo, tres volúmenes (Bari, 1921-27).
M. Vallauri

