Cada Cual, San Lucas

La leyenda de Cada cual es una de las más conocidas transcripcio­nes de la parábola evangélica (San Lucas, XVI, 19-33) del pobre Lázaro y del rico Epulón. En los países latinos el tema se mantiene fielmente al pie de la letra res­pecto al espíritu de la fuente evangélica; en los países septentrionales, más deseosos de interpretaciones alegóricas y morales, se despersonalizó asumiendo el carácter de «moralidad».

*      En Italia es conocido el Contraste del Rico y el Pobre, representación sacra de un anónimo de Umbría del siglo XIII. El Po­bre se presenta en casa del Rico, quien lo rechaza de una manera injuriosa y le gol­pea. Mientras un Ángel acoge al «pobre ex­pulsado», los Demonios enviados por Lu­cifer van a casa del Rico y lo llevan al in­fierno donde en vano ruega a Abraham que le envíe a Lázaro para refrescarle la boca con «el dedo meñique» mojado de agua. El contraste, en su brevedad escénica, estriba en la descarnada concisión de su lenguaje y en la evidencia realista que con­fiere a la representación un áspero relieve humano.

*       La más antigua transcripción nórdica de la parábola es el Espejo de eterna salud de Elckerlyc [Spyghel der Salicheyt van Elckerlyc], drama edificante del holandés Pieter van Diert, compuesto en 1495. Elcker­lyc es la representación del hombre que vive sin preocuparse de Dios ni de la salud de su alma. Es llamado por la Muerte para emprender un largo viaje sin retorno du­rante el cual tendrá que rendir cuenta a Dios de su vida terrenal. La única cosa que se le concede es que le acompañe alguien. Elckerlyc se dirige entonces a Gheselscap (la Compañía) y a «t’Goet» (los Bienes), pero éstos se niegan; ni siquiera Deucht (La Virtud) le puede ayudar, debilitada por la vida pecaminosa de Elckerlyc. Pero le aconseja vaya buscar a Kennisse (el Cono­cimiento), el cual lo manda en busca de Biechte (la Confesión) que le obligará a confesar sus pecados; después de la confe­sión, Deucht sana y Kennisse le envía a buscar un sacerdote para recibir los Santos Sacramentos y los Santos óleos. Así Elcker­lyc muere rodeado de Ducht, Kennisse, Schoonheid (la Belleza), Cracht (la Fuerza), Vroescap (la Sabiduría); pero todos deben por fin abandonarle, a excepción de Deucht que acompaña a Elckerlyc cuando llega el ángel para llevarlo a la beatitud del cielo. El drama de tipo alegórico, que fue refun­dido en latín por Christian Ischyninius, el cual, a su vez, fue traducido al alemán y al holandés, proviene de la conocida novela de Barlaam y Josafat (v.).

H. Henny

*   Sobre el mismo tema en alemania, ade­más de la refundición de Ischyninius y una redaccción del texto holandés titulada Jedermann, es conocido el drama latino Hecastus del humanista Gregorius Macropedius (hacia el 1475-1558), compuesto en 1539. Hecasto es un sibarita que vive sin preocu­paciones que no sean las del fugaz placer. Pero he aquí que, en el segundo acto, un enviado del Señor, Nomodidascalus, le tras­mite un mensaje en hebreo que aterra a Hecasto y contra el cual tampoco su hijo médico puede hacer nada. En el tercer acto aparece la Muerte en persona a anunciar a Hecasto que dentro de una hora vendrá a llevársele. Entonces éste empieza a lamentarse y a buscar un amigo que le acompañe en el difícil tránsito: pero parientes y ami­gos se niegan a hacerlo; a su «amiga» no tiene ni siquiera el valor de interrogarla; la riqueza no le sirve, y se queda comple­tamente solo. Pero en el cuarto acto se le presenta la Virtus, por él tan olvidada, que a poco trae consigo a la Fides. En el últi­mo acto Hecasto va a morir, sus hijos se pelean por la herencia, el diablo quiere ya apoderarse de su alma, pero él, en el últi­mo instante, se reconcilia plenamente con la Virtus y la Fides, que le defienden de Satanás, y muere salvado. Un diálogo lleno de devoción entre el sacerdote y los here­deros cierra el drama. Éste, con sus 1.900 versos es mucho más amplio que Everyman, que consta solamente de 900. Es interesan­te que Macropedius, católico, haya repre­sentado aquí la redención de un pecador de una manera que recuerda la Reforma, como se puede notar en el repudio de la justifica­ción por medio de las obras. El Hecasto es la mejor obra de este autor.

M. Pensa

*   Everyman que parece ser una versión del texto holandés traducido por un personaje anónimo entre el 1509 y el 1530, es la más célebre de las antiguas obras moralizadoras inglesas y acentúa el carácter alegórico de la representación. En una serie de escenas vemos a Dios que manda a la Muerte a llamar a Cadauno a su presencia, el cual, angustiado, implora que le dejen volver, pero no obtiene más que unas pocas horas para reunir a sus amigos que le acompa­ñarán en el viaje supremo. Pero, en vano, Cadauno se dirige a Amistad, Parientes, Riqueza: todos se niegan a escucharle, deshaciéndose de él con vanas palabras; en­tonces solamente es cuando piensa en Buenasobras, que había tenido olvidada desde hacía tanto tiempo y que yace en el sue­lo, encadenada por sus Pecados. Buenasobras le escucha, le asiste, lo recomienda a su hermana Conocimiento que lo manda a la Confesión. Cadauno, así purificado, llega ante la tumba dispuesto a presentarse ante Dios; y en este momento, Belleza, Fuer­za, Razón, Cincosentidos, se alejan de él a pesar de que habían prometido seguirle. Conocimiento querría seguirle pero no pue­de. Solamente Buenasobras se queda: es el único que no ha sido vano y que interce­derá por él; finalmente muere puro y per­donado. De entre la profusión de morali­dades de la época, casi todas dominadas por la nota cómica que cae a menudo en la vulgaridad, Cadauno se destaca por su pro­funda seriedad moral, por su construcción severa, por la simplicidad clásica de su for­ma que lo hacen aún hoy representable y apasionante.

A. Prospero Marchesini

*    Con el mismo tema puede enlazarse la «comedia» Vida y muerte de San Lázaro del español Antonio Mira de Amescua (1574-1644), publicada en la colección Co­medias escogidas de los mejores ingenios de España (Madrid, 1623). Esta obra mezcla elementos del «Antiguo» y del «Nuevo Tes­tamento» haciendo que la acción se des­arrolle en tiempo de David entre Nabal (el rico) y Lázaro (el pobre) que aman a la prudente Abigail. El padre de Abigail la da a Nabal, que con sus riquezas humi­lla a Lázaro. Pero cuando llega la muerte, Lázaro halla justicia ante Dios gracias a sus sufrimientos, mientras que Nabal, por sus riquezas, es presa del demonio. La obra termina con la entrada de Lázaro en el cie­lo y de Nabal en el infierno.

*    Modernamente, el tema ha sido recogido por Hugo von Hofmannsthal (1874-1929) en el drama en un acto en verso Jedermann, publicado en 1911 y reeditado en 1924 en las Obras completas. El tema del hombre que se encuentra sin preparación ante el juicio de Dios, tema que fue argumento de primitivas tentativas teatrales de humanistas alemanes (todo esto lo explica el autor en el prólogo), este drama vuelve a presentarlo con una sensibilidad contemporánea pero conservando en el ritmo y en la locución su carácter popular. Cadauno es, esta vez, un joven libertino, de la libertina Viena, despreocupado pero no malo, ligero sin ser estúpido, débil pero de buen corazón. Cuan­do la muerte se presenta ante él se queda aterrorizado: el hombre sociable se encuen­tra solo para resolver su problema, puesto que nadie quiere acompañarle en su viaje, ni la mujer que le amaba, ni los amigos; y esta soledad le arranca un grito altamente humano y poético. Pide misericordia a Dios y recobra la Fe. Pero cuando se le presenta la Obra de su vida, ésta es tan débil que ni siquiera puede sostenerse en pie. Sola­mente la Fe y una buena confesión reparan la Obra y salvan al desgraciado de la-con­denación. Y así desciende al sepulcro en espera de la resurrección final. Hofmanns­thal nos da en este drama una obra estéti­camente exquisita pero privada de la fuer­za religiosa del misterio medieval y de la eficacia escénica que más tarde tendrán al­gunos dramas barrocos jesuitas como el Cinodoxus de Bidermann. Tampoco la sal­vación del alma es apreciada con la clara visión del monje ni del clérigo, ni está en­raizada en la humanidad de un Fausto (v.), sino que más bien es sentida como algo indiscutiblemente problemático. La impor­tancia de la obra reside sobre todo en su estética: pero este punto de vista religioso corresponde a la sensibilidad de los últimos destellos de aquella Viena ya próxima a su disolución. Trad. italiana de Italo Zingarelli con el título Leggenda di Ognuno.

G. Federici Ajroldi