Las Aventuras de Huckleberry Finn, Mark Twain

Comenzada por el autor como una continuación de Las aventuras de Tom Sawyer, adquie­re, sobre todo en su parte central, fuerza de obra maes­tra. Huck, huyendo de la viuda Douglas que pretende «civilizarlo» y de un padre borracho que trata de apropiarse del dinero del Tesoro del indio Joe, se junta con el ne­gro Jim, también él un fugitivo. Juntos, descienden los dos a bordo de una balsa por el Mississippi, viviendo en una especie de idilio natural amenazado de continuo por la violencia de la sociedad, que se manifiesta en los dis­tintos episodios ambientados en las pequeñas ciudades que encuentran a lo largo del río.

Finalmente, dos pillas­tres charlatanes y actores, el «Duque» y el «Delfín», cap­turan a Jim mediante engaños y lo venden a una tía de Tom Sawyer. Huck encuentra a Tom, que lo daba por muerto, y prepara un plan fantástico para la liberación de Jim; la empresa, empero, fracasa y Tom resulta heri­do. Sólo en este momento se decide a revelar algo que ha­bía callado por su amor a lo novelesco: la señora Wat- son, la dueña de Jim, ha muerto, y en su testamento se dispone que el negro sea liberado. Huck, seguro a su vez de contar con dinero propio ahora que su padre está muerto, medita, no obstante, una nueva fuga hacia «territorios» libres de los atropellos de la «civilización».