Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll

[Alice’s Adventures in Wonderland]. Relato para niños del es­critor inglés Lewis Carroll (Charles L. Dodgson, 1832-1898), publicado en 1865. El libro nació por casualidad, de los relatos que el autor improvisaba para tres amiguitas suyas, las hermanitas Lid del, a una de las cuales, Alice, está dedicado el libro. Es la historia de un sueño: Alicia, persi­guiendo un conejo blanco que se le ha aparecido cuando estaba sentada en el bos­que con su hermana, va a parar al centro de la tierra, donde cae sobre un montón de hojas secas. Allí cambia de dimensiones con una facilidad sorprendente, al comer una torta encontrada por casualidad, y be­ber un licor en casa del conejo, donde por encargo suyo había ido a coger los guan­tes y el abanico que él había olvidado. Co­noce luego al gato de Cheshire, que puede aparecer y desaparecer lentamente, empe­zando con la sonrisa y acabando en la sonrisa que, por un momento, queda sus­pendida en el aire. Toma parte en el té de la liebre, en la partida de croquet de la Reina de Corazones, y es llamada como testigo en el proceso de una Sota acusada de haber robado unas pastas. Entonces se ve en peligro de encontrarse metida en el proceso, cuando, en esto, todas las cartas de la baraja, cuyos personajes acaba de conocer, se agitan y giran a su alrededor. Entonces se despierta y se vuelve a en­contrar en el bosque. En 1871 el autor pu­blicó bajo el título A través del Espejo [Through the Looking-glass] una continua­ción de las aventuras de Alicia: aquí la niña hace un viaje a un país hecho a modo de tablero de ajedrez que se extiende al otro lado del espejo: Alicia atraviesa el vi­drio y encuentra, entre muchos otros per­sonajes extraños y entre las flores que ha­blan, dos seres singulares: Twidledi y Twidledum. Cuando Twidledum se duerme, Twi­dledi dice a Alicia: «Está soñando contigo.

Y si dejase de soñar contigo, ¿dónde crees que estarías? — ¡Donde estoy ahora, na­turalmente! — De ningún modo, no esta­rías en ninguna parte, porque tú eres so­lamente una especie de idea en su sueño». A través de los extraños diálogos, en este estilo, con la reina que promete la mer­melada «para todas las mañanas» y con el rey que felicita a Alicia porque «consigue ver a Nadie, ¡a esa distancia!», la niña llega a la octava casilla del tablero donde se convierte en reina y preside un banque­te donde los invitados acaban en los platos y los manjares pasan a ocupar su lugar. El valor particular del libro, obra maestra de la literatura infantil, está en la suave lo­cura y en la inspiración extraña que do­mina en los paisajes, animales, personas y cosas. El escritor, conocedor profundo de la psicología de los niños, ha hecho el mi­lagro de transportarse a su alma, viendo las cosas con su mentalidad sin prejuicios, libre, incluso cruel con los convencionalis­mos, los prejuicios y las tradiciones de la sociedad. Hay además en el estilo del li­bro un humorismo sutil, que delinea con amable caricatura a los personajes, las co­sas y el escenario, deformándolos como en un espejo ligeramente cóncavo o convexo. Los animalitos que Alicia encuentra en el país del sueño son los mismos que ella ve todos los días, y los animalitos exóticos que ha visto representados en los libros; y cuanto ha creído entrever en la realidad, se concreta en el sueño hasta lo absurdo. [Trad. española de R. Ballester Escalas (Barcelona, s. a.)].

M. Tibaldi Chiesa