Votos de Muchachas, Aleksander Fredro

[Śluby pańienskie]. Comedia en cinco actos, en verso, del polaco Aleksander Fredro (1793-1876), estrenada en Leópolis en 1833. Esta come­dia, que lleva además el subtítulo «El magnetismo del corazón» y es casi contemporánea de la Venganza (v.), se distingue profundamente de ésta, pues mientras aqué­lla está llena de una irresistible «vis cómi­ca», un poco truculenta, ésta, por la delica­deza de sus sentimientos, su sosegado buen sentido, la naturalidad de sus tipos y situa­ciones y la fresca agudeza de su diálogo, es obra de genial poesía.

El joven Gustavo está invitado con su tío Radost en la casa de campo de la señora Dobrojska, prepa­rándose para casarse con la hija de ésta, Angiola, según antiguos planes familiares. Se encuentra allí también la sobrina del ama de la casa, Clara, amada desde hace ya dos años, y sin esperanza, por el joven Albino, figura algo caricaturesca por exceso de sen­timentalismo y por su quejosa verbosidad. Gustavo, seguro de su victoria, no se da ningún trabajo para conquistar el amor de Angiola, y se comporta con cierta fatuidad, que está a punto de enajenarle las simpa­tías del ama de la casa y de la joven. Pero él, en el fondo, ama a Angiola y está lleno de iniciativa y de ímpetu; cuando se entera por su consternado tío de que las dos jóve­nes han hecho voto de no casarse y de odiar toda su vida a los hombres, el ines­perado obstáculo se convierte en estímulo para su sentimiento y su energía.

La tran­quila y consciente obstinación de Angiola le enardece de tal modo que le confiesa su amor de rodillas. Rechazado con dulzura por Angiola y burlado por Clara, más vivaz e impertinente, no pierde ánimos, e imagina un plan ingenioso para inducir a las dos jóvenes a romper sus votos. En efecto, pien­sa en suscitar celos en Angiola fingiendo que ama a otra -muchacha, y, tomándola por confidente de su amor, gana poco a poco la piedad y la simpatía de ella. De modo igualmente astuto vence a Clara: finge que su tío Radost quiere pedir su mano y per­suade a Albino a mostrarse indiferente. Clara teme ser obligada por su padre a casarse con el viejo Radost, porque éste es rico, tanto más cuanto que Albino finge as­pirar, en cambio, a la mano de Angiola. Con ello consigue que Clara y la señora Do­brojska se exasperen ante las supuestas intenciones de Radost, y Angiola está de­sesperada al advertir que ama a Gustavo y que éste no la ama ya.

A este enredo pone fin Clara con su habitual vivacidad: anuncia a Gustavo que Angiola lo ama y que se casará con él de buena gana, y ella tampoco rechaza ya a Albino, con tal de escapar a Radost. Gustavo explica entonces su intriga, entre la emoción y la alegría de todos. Armonía equilibrada, serena, esta comedia tiene su tesis en el lema de Fredro: «El hombre está gobernado por la razón; la mujer, por el afecto; ama y odia a la vez; no donde está la razón, sino donde está el afecto, allí está toda ella».

C. A. Garosí