La Voz de la Ciudad, O. Henry

[The Voice of the City]. Con Cuatro millones (v.), es una de las colecciones de cuentos en que mejor se expresa el carácter del humorista norteamericano O. Henry (William Sydney Porter, 1862-1910). Fue publicada en 1908.

El autor descubre cuál es la voz de la ciudad una tarde que, acompañado de su novia, contempla la salida de la luna. «Des­pués de media hora, observó Aurelia con aquella sonrisa suya: «¿Sabes que no has dicho una palabra desde que volviste?». «Esa — respondí yo asintiendo cuerdamen­te — es la voz de la ciudad». Una pequeña obra maestra de humorismo es «Un enamo­rado de cuatro perras» [«A Lickpenny Lover»]. La protagonista Massie, empleada en una tienda, es una muchacha bien dotada, bella y provista de todas las seducciones. Un día la casualidad lleva a su mostrador a un joven millonario aristócrata que por pri­mera vez se halla en contacto con el mundo, para él desconocido, de las empleadas y que, enamorado de Massie, comienza a hacerle la corte con todos los miramientos usados en el gran mundo.

La astuta Massie no se deja convencer por aquellas buenas maneras y por las alusiones a un lujo fabu­loso: también los empleados de comercio prometen grandes hoteles y automóviles de lujo; sin embargo, su corazón está a punto de ceder cuando la propuesta de un viaje de bodas a Egipto y a la India hace dé nuevo renacer su desconfianza. Al día si­guiente declara a una compañera que todo acabó entre ella y aquel tipo, que exageraba demasiado. Quería casarse y llevarla en viaje de bodas a Coney Island (lugar de diversiones baratas del populacho neoyor­quino). En el cuento «Némesis y el vende­dor de frutas confitadas» [«Nemesis and the Candy Man»], Ivés, enamorado infiel, cae en casa de su abandonada prometida, que está a punto de embarcarse para un largo viaje. Ella le acoge con la mundana desen­voltura de la mujer orgullosa traicionada; el embarazoso coloquio queda interrumpido por la llegada del vendedor de frutas con­fitadas, y la señorita quiere comprarle un cucurucho.

Los versos impresos en el papel de una de las confituras y el recuerdo del día en que su amor comenzó, precisamente mientras compraban confituras de aquel mismo vendedor, favorecen la reconcilia­ción. Esta es la «Némesis» del pobre ven­dedor de confituras, que se había enamo­rado de la misma mujer por quien Ivés había sido infiel, y había recibido de ella una burla cruel. El arte de O. Henry no es sólo, el arte sorprendente del prestidigita­dor; es un verdadero poeta, con el alma rica en matices, delicadísimos, con sonrisa aguda y brillante, aunque en el fondo esté lleno de sombras de melancolía.

E. C. Croce

Sus narraciones son el triunfo de la antí­tesis en acción, el triunfo de lo inesperado. (R. Michaud)

…la narración de O. Henry, la narración de las revistas populares, la historia que «acaba bien», que los editores piden todavía y que aceptan siempre… O. Henry tiende constantemente a un estilo afectado y vul­gar y a las conclusiones felices a toda costa que resuenan agradablemente en los oídos del gran público. (L. Lewisohn)