Piénsalo Giacomino, Luigi Pirandello

[Pensaci Giacomino]. Comedia en tres actos de Luigi Pirandello (1867-1936) extraída de su novela homónima, estrenada en 1916. Un despre­cio inteligente hacia los convencionalismos y la vida regida por el chismorreo es la médula de este caso paradójico en que un marido obliga al amante de su mujer a no abandonarla.

Agostino Toti, tipo de Diógenes moderno, es un profesor setentón que está a punto de abandonar la enseñanza. Para terminar bien su paso por la tierra decide casarse con Lillina, la hija del bedel; las bodas, naturalmente, serán sólo un expe­diente para dejarle a la muerte su pensión y patrimonio. Pero Lillina le confiesa que está prometida con un tal Giacomino Delisi; incluso está encinta. Al poco tiempo los pa­dres de la muchacha, sorprendiéndola en íntimo y furtivo coloquio con el joven, des­pués de una escena violentísima, la echan de casa. Entonces el profesor interviene; para remediarlo se casará con Lillina y la tendrá como hija suya.

Transcurren los años. El pequeño Nani ha nacido y el profesor ha heredado algún dinero; pero en el pueblo se escandalizan por la extraña situación de la casa Toti, donde Giacomino, que ha conse­guido un empleo en un banco gracias al profesor, va a reunirse cada día con el niño y Lillina. Finalmente Rosaría, her­mana solterona de Giacomino, ayudada por el Padre Landolina, persuade al joven para que ponga fin a su vida escandalosa. Giaco­mino abandona el empleo y no se deja ver, mientras la joven esposa del profesor llora por las habitaciones vacías. La estratagema del profesor Toti es sencilla y cándida: coge de la mano a Nini y lo lleva a casa de Delisi. De nada sirven las protestas de la escandalizada Rosaría: ha de ver a Gia­comino y Giacomino ha de ver a Nini.

En cuanto entra Giacomino, el milagro se pro­duce: no puede resistir a la vista del niño ni a las palabras inflamadas del profesor; volverá a vivir con su verdadera familia. El personaje del profesor es el despiadado y dulce antagonista de la sociedad y de su austeridad externa, y lucha contra ella para alcanzar una modesta pero auténtica felici­dad humana.

G. Guerrieri

Nunca la relatividad de las construcciones humanas había sido sostenida con violencia más agria, más abierta, más lúcidamente lógica. (Tilgher)