Mañanas de Abril y de Mayo, Pedro Calderón de la Barca y Henao

Comedia «de enredo» en tres actos del gran dramaturgo español don Pedro Calderón de la Barca y Henao (1600-1681).

En casa de don Pedro se presenta súbitamente don Juan de Guzmán. Viene embozado a fin de no ser reconocido, pues tiempo atrás dio muerte, por celos, a un caballero que en­contró al salir de la casa de doña Ana de Lara, su enamorada. El amor y la duda de la fidelidad de doña Ana le hacen vol­ver a Madrid, a pedir refugio junto a su amigo don Pedro, cuya casa es contigua a la de doña Ana. Don Pedro, a su vez, anda por «aquellas mañanas de abril y mayo», junto con otros caballeros, en galanteos por el Parque de la ciudad. Calderón, en esta obra, nos presenta un cuadro típico de las costumbres de su tiempo eh primavera, de encuentros entre damas y galanes, de jue­gos, engaños, cantos, escenas llenas de co­lor en las calles y en el Parque del palacio de Madrid. Así la comedia viene a ser una glosa de la canción popular que canta por la calle doña Clara: «Mañanicas floridas / de abril y mayo, / despertad a mi niña, / no duerma tanto».

De doña Clara está ena­morado don Hipólito, pero por un engaño que le hace ella don Hipólito se enamora de doña Ana — que desde la partida de don Juan no sale de su casa sino para asistir a misa y no participa en los galanteos de primavera —. Don Hipólito solicita de don Pedro que le deje su casa para una entre­vista con doña Ana, lo cual pone a don Pedro en un aprieto, entre la amistad de don Hipólito y de don Juan. A partir de este planteamiento del primer acto, la ac­ción se va complicando visiblemente. Doña Ana y doña Clara se visten con el mismo vestido y engañan así a don Hipólito, que cuando cree emprender a doña Clara se encuentra con doña Ana y viceversa. En uno de estos lances, don Juan es descubier­to por don Luis, amigo de don Hipólito y pariente y vengador del caballero muerto por don Juan. Ambos se desafían, y don Juan perdona generosamente la vida a su enemigo, lo que permite que todas las situaciones de la comedia tengan solución y don Juan y doña Ana recobren su amor.

La tendencia barroca del estilo de Calderón, que aparece manifiestamente hiperbólica en las alabanzas a las damas, viene contrapun­tada por la gracia y exquisitez de las es­cenas callejeras, que dan a la obra un gran valor como documento de las costumbres de la época.

A. Comas