Luces de bohemia, Ramón del Valle-Inclán

Max Estrella, pobre y ciego poeta, evoca­ción del escritor Alejandro Sawa, sale de su casa con don Latino de Hispalis. Éste será el último paseo que dará por esa selva de situaciones y de personajes que le espe­ran en las calles de Madrid. Visitará al librero Zaratrusta, luego irá a la taberna de Pica Lagartos. De nuevo en la calle, y después de algunos altercados, Max será dete­nido y llevado al Ministerio de Gobernación. En un ca­labozo conocerá a un obrero anarquista, al que poco des­pués se le aplicará la ley de fugas.

El Ministro (compa­ñero de juventud de Max) recibirá al poeta y le ofrecerá finalmente una pensión. Ya en la calle, Max y don Lati­no irán a un café, donde se encontrarán con Rubén Da­río. En la calle otra vez, Max conseguirá los favores de la prostituta La Lunares. Poco después de encontrarse con una madre que llora junto al cadáver de su hijo muer­to de una bala durante una carga de la fuerza pública, Max morirá también en la calle, tras una conversación con Don Latino en la que establece la estética del esper­pento.

El velatorio será un tanto accidentado, púes Ba­silio Soulimake defenderá que, en realidad, Max está en estado cataléptico. A su entierro asistirán, entre otros, el Marqués de Bradomín y Rubén Darío. Poco después de ser enterrado, se descubre que Don Latino es poseedor de un décimo premiado, que Max no pudo pagar en su momento a la Pisa Bien. La suerte ha llegado tarde: la esposa y la hija de Max, las desgraciadas Madame Collet y Claudinita, acaban de suicidarse.