Los Adelfos, Terencio

[Adelphoe: Los dos her­manos]. última de las seis comedias de Terencio (1859-159 a. de C.), escrita y re­presentada en 160 a. de C. Dos parejas de hermanos, una de viejos, Mición y Demea, y una de jóvenes, Esquino y Ctesifón, ofre­cen ejemplos de lo que pueden influir en el ánimo del hombre el temperamento per­sonal y la educación social. De los dos hi­jos de Demea, Mición ha adoptado a su sobrino Esquino y le ha educado con la más generosa liberalidad, «a la moderna», mientras Ctesifón, que ha permanecido con su padre en el campo, ha sido educado «a la antigua». El contraste entre ambas for­mas de educación se produce desde el prin­cipio porque la comedia comienza con un escándalo promovido por Esquino, que ha entrado en casa del alcahuete Sanión, rap­tando a la bella Baquis. Este es, pues, el resultado de la educación «a la moderna» dada por Mición a su hijo adoptivo. Pero este rapto no es más que una muestra del amor fraternal de Esquino por Ctesifón.

Este es el enamorado de Baquis y no Esquino que, por el contrario, alimenta un amor sin­cero por una muchacha libre, con quien querría casarse aunque ella no tiene dote: Pánfila. Ésta, que está esperando ser madre y vive sólo por el amor de Esquino, recibe la noticia del rapto de Baquis con indecible dolor. Todos sus sueños de matrimonio, al que Mición no se opondría después del na­cimiento del niño, se desvanecen para la pobre Pánfila que no sabe de quién es amante Baquis. Un amigo de la familia, Egión, se interesa por la situación lastimo­sa de la joven, y está decidido a recurrir a la ley para hacer valer los derechos de la muchacha encinta. Egión es amigo de Demea, y éste, al saber la nueva bribonada de su hijo educado a la moderna, va en busca de Mición para decidir de común acuerdo lo que debe hacerse. Pero todo se aclara; Mición se ha enterado del verda­dero objeto del rapto y por ello da su con­sentimiento a que Esquino se case con Pán­fila. Mucho más difícil será aclarar a los ojos de Demea el escándalo de Ctesifón enamorado de Baquis. El anciano ha creído siempre que ese muchacho, crecido en el campo y ajeno a los halagos y corrupción de la ciudad, era un muchacho ejemplar; pero todo se revela cuando al entrar de pronto en su casa, encuentra a su hijo en dulce coloquio y magnífico banquete con su amante. Es el derrumbamiento de todo su sistema educativo, y la victoria del mé­todo liberal y moderno, que ha seguido su hermano.

Para no ser menos que él, en lu­gar de reprender y castigar a su hijos, se convence de repente de la bondad de las ideas educativas de su hermano: facilita el casamiento de Pánfila con Esquino, ob­tiene la libertad de los esclavos que han tomado parte en la intriga. Concede a Cte­sifón que compre a Baquis y se la lleve a casa como concubina. El modelo de esta obra es de Menandro, pero el arreglo de la obra original debe haber sido muy libre, hasta el punto de que se hallan incon­gruencias y discontinuidades que en el ori­ginal no debían de existir. Es significativo que, en esta su última comedia, Terencio haya llevado a su punto culminante lo que había sido siempre tema fundamental de su teatro; las relaciones entre los hijos y los padres, que se resuelve en el conflicto entre las exigencias de una generación nueva y la experiencia de la antigua. Aquí la tesis se hace a veces explícita y el diá­logo se aproxima entonces a la forma de conversación filosófica tan grata a la anti­güedad, desde Platón a Cicerón. Por esto la estructura de la comedia está realizada con particular cuidado del equilibrio entre los diversos elementos; y los motivos bufones­cos, más numerosos que en otras comedias de Terencio, parecen querer reanimar la lentitud de algunas escenas.

Pero aun pre­sentado en forma de tesis, el problema no interesa al autor tanto por sí mismo como por los aspectos dramáticos que derivan de él; a Terencio no le preocupa estable­cer cuál puede ser el mejor de los dos di­versos métodos de educación, ni si corres­ponden a la juventud o a la madurez los derechos de dirigir una vida. En la rápida conversión de Demea a los nuevos siste­mas, hay la misma ironía que sonríe ante la perplejidad de Mición cuando cree que su extremada liberalidad ha impulsado a su hijo a sus excesos: en realidad, entre jó­venes y viejos no hay comprensión posible; y los sistemas educativos cualesquiera que sean, no consiguen nunca tener sujeta la generación que crece a la que se extingue. El contraste entre la preocupación de De­mea y Mición con la instintiva independen­cia, de los dos jóvenes, es el verdadero motivo que anima la comedia. En fin de cuentas los dos viejos hermanos quedarán igualmente alejados y excluidos de la fe­licidad que han concedido y se sentirán igualmente solos. [Trad. española clásica de Pedro Simón Abril en Las seis comedias de Terencio (Zaragoza, 1577), con numero­sas reimpresiones. Refundición moderna del texto de Simón Abril, por D. V. Fernán­dez Llera (Madrid, 1890).]

F. Della Corte

También tú, Menandro a medias, te has colocado justamente entre los primeros por tu amor a la pureza del lenguaje. Ojalá que a la dulzura de los escritos uniérase la fuerza, para que tu talento cómico igualara al de los griegos, en vez de quedar sin glo­ria en este punto. Eso, Terencio, deploro y duélome que te falte. (Julio César)