Los Abderitanos, Christian Martin Wieland

[Adberiten]. No­vela satírica alemana de Christian Martin Wieland (1733-1813), aparecida en 1781, pero publicada ya en parte en años ante­riores a partir de 1774 en el Deutscher Merkur (v.). La novela, que tiene cierto sabor volteriano, consiste en una serie de episodios que ocurren en Abdera, ciudad griega de Tracia, en el período de pleno florecimiento de la civilización ateniense. Wieland se inspiró en el recuerdo de la fama que de gente mentecata y simple tu­vieron los abderitanos, especialmente a jui­cio de los romanos, como a juicio de los alemanes podían tenerla los «Schildbürger». Pero si éstos interpretaban todas las me­táforas como verdades puras, aquéllos en cambio se dejaban llevar por su fantasía, y obraban bajo el impulso de la primera impresión sin reflexionar, pasando con ra­pidez y sin el menor nexo lógico de una acción a otra.

Ignoraban completamente la importancia del arte, de la filosofía y de la ciencia, mientras las frivolidades se con­vertían en cuestiones de estado. Sólo una cosa importaba a los abderitanos: imitar a la gran Atenas y sentirse iguales a los atenienses. El contraste entre su mentali­dad y la del mundo culto se advierte en Demócrito que, después de diez años de peregrinaciones, vuelve a la patria con ideas y actitudes nuevas y quisiera refor­mar la vida de la ciudad según su expe­riencia. Pero los abderitanos no quieren sa­ber nada; lo que no es como ha sido siem­pre, en Abdera es un mal y un error y, para evitar el riesgo de que haya otros ciudadanos como aquél, dictan una ley que prohíbe viajar a los jóvenes. La primera parte concluye con la representación mu­sical de una tragedia de Eurípides, con asistencia del autor, quien, después de ha­ber deplorado la incomprensión del públi­co, de los músicos y de los ejecutantes, vuelve con su compañía de Atenas y pone de nuevo en escena la tragedia. Pero los buenos abderitanos, que en el primer mo­mento están entusiasmados, preferían su antiguo teatro, que no cansa demasiado el cerebro. Toda la segunda parte gira en tor­no al proceso intentado por un mercader de Asiría contra un sacamuelas que, habiéndole alquilado un asno, al atravesar un lugar aislado se sienta a la sombra del ani­mal. El mercader pretende ser pagado tam­bién por la sombra proporcionada por su cuadrúpedo, y toda la ciudad acaba com­plicada en este terrible caso. Se forman los partidos de la «sombra» y los del «saca- muelas», hasta que, debido a una contro­versia religiosa de enorme importancia en torno a los sapos sagrados de Latona, y a otros sucesos, gran parte de la población emigra hacia nuevas tierras. Y así los ab­deritanos se desparraman por el mundo, pero continúan siendo abderitanos.

Las fuentes son evidentes: Ovidio, Luciano, Juvenal y otros satíricos clásicos. La parte más vital e interesante de la novela con­siste en las alusiones a la vida contempo­ránea del poeta. Pese a que Wieland, en un capítulo-clave, se disculpe de las alu­siones personales que algunos quisieran ver, la sátira es evidente en las advertencias que dirige a los alemanes para que se guarden de seguir el ejemplo de los abderitanos al juzgar las obras de arte. En Los Abderita­nos, Wieland que, como dijo Goethe, poe­tizaba viviendo y vivía poetizando, se fijó principalmente en su ciudad natal, Biberach, representándose a sí mismo en De­mócrito, y se situó contra las exaltaciones del «Sturm und Drang» (v.), defendiendo el cosmopolitismo contra el nacionalismo estre­cho, con mordaz crítica iluminista.

G. F. Ajroldi