La Ventanilla, Vittorio Alfieri

[La finestrina]. Co­media en cinco actos de Vittorio Alfieri (1749-1803). Compuesta al mismo tiempo que la Tetralogía política (v.) y publicada en 1804, puede ser considerada, mejor que el Antídoto, la conclusión de aquel grupo de comedias y la expresión más cumplida de tristeza que dominaba a Alfieri en los últi­mos años de su vida.

Como en aquellas co­medias, también en ésta el poeta quiere mostrar los móviles egoístas y vulgares que han inspirado hasta las acciones más ala­badas; la baja humanidad que se ceba a menudo también en los hombres celebra­dos como héroes; y lo hace mediante una invención lucianesca, transportando la es­cena a los Infiernos paganos e imaginando que Mercurio baja por orden de Júpiter a visitarlos, para inspeccionar el trabajo de los jueces infernales Eaco, Minos y Radamanto, ya debilitados y dispuestos a la in­dulgencia. Desfilan por delante del juez las almas: Saturnisco, caricatura de los sobe­ranos reformadores del siglo XVIII; Mahoma, el ambicioso jefe de secta; Confucio, caricatura del filósofo iluminado; Lunatina, representante de la ligereza y la volubilidad femeninas. Para facilitar más la obra de los jueces, Mercurio abre, en el pecho de los que son juzgados, una ventanilla por la cual se ven el verdadero ser y las verdaderas intenciones del individuo. De ello resulta un completo desbarajuste: porque Mahoma y su mujer Fátima descubren sus mutuas traiciones; Lunatina huye para no ser exa­minada, y corre a sublevar las almas de los Elíseos contra el peligroso invento. Hasta Confucio el «filósofo», «el sabio», resulta ser un hipócrita.

Vale más renunciar a la prueba de la ventanilla; cerrar los ojos a los defectos de los hombres, pagarse de las bellas apariencias, las cuales también tienen su valor. La moral de la fábula se propone ser una advertencia para que no se busque en el hombre una imposible perfección (y menos imperfectos que los demás son para Alfieri los poetas, de los cuales es repre­sentante en esta comedia Homero: «los poe­tas — comenta él — son los más puros entre todos los Grandes, cuando escriben por sí mismos y de los que les place, y no los mantienen los poderosos»); pero su predica­da indulgencia tiene un sabor amargo, y de amargura está teñida toda la comedia, que es, por su concepción, la más original de Alfieri.

M. Fubini