La Sibila, Antón Francesco Grazzini

[La Sibilla]. Comedia en cinco actos, en prosa, de Antón Francesco Grazzini, llamado el Lasca (1503-1584). Fue publicada en 1582, aunque compuesta mucho antes, probablemente alrededor de 1555. El Lasca, que en los prólogos de La Bruja (v.), de Los Celos (v.) y de La Endemoniada (v.) se declara contrario a la imitación de la comedia clásica y en particular de las agniciones y reencuentros, por ser inverosími­les en sus tiempos, se acercó en esta obra a los esquemas y tipos de la comedia an­tigua, no por intencionada imitación, sino por la influencia ejercida sobre él por el teatro contemporáneo y, en este caso, por los Supuestos (v.) de Ariosto.

El argumento de La Sibila se basa, en efecto, sobre un «reencuentro»: el de la muchacha que da el nombre a la comedia, con su padre, Die­go, noble español que habiendo enviudado mientras se hallaba en el séquito de Car­los V de paso por Florencia, había confiado la recién nacida a su huésped Florentino. Al morir también éste, Sibila había sido criada en la casa del hermano de él, Michelozzo, que, para impedir que su hijo Alessandro se casara con ella, la prometió a un anciano abogado, Giansimone; de aquí la desesperación de Alessandro, que, con el consentimiento de su madre y la ayuda de amigos y criados, prepara una intriga para librar a la muchacha de las manos de su presunto padre, con intención de casarse se­cretamente con ella. Envía a éste un co­nocido truhán, Ciuffagna, que disfrazado de noble español se presenta como Diego y pide, demostrando su buen derecho, llevarse la chica. Michelozzo tiene que consentir; pero en el mismo día llega a Florencia el verdadero don Diego para buscar a su hija. Surgen así varias peripecias que concluyen, por supuesto, con la boda de Alessandro y Sibila, con el pleno consentimiento de am­bos padres. Y con el matrimonio de los dos enamorados finaliza la otra historia de amor que se desenvuelve paralela a la primera: la de Ottaviano, un amigo de Alessandro, que enamorado de Ermellina, sobrina de Giansimone, consigue, evitando la vigilancia del anciano, entrar en sus habitaciones y poseerla.

Por fin el mismo Giansimone se consuela de sus desilusiones, casándose con la viuda Margarita, madre de Ottaviano. La acción es bastante enredada y repite situa­ciones y tipos de otras comedias de Lasca, .particularmente de Los Celos, de la que saca el caso del anciano decepcionado en sus aspiraciones amorosas y al mismo tiem­po burlado por un joven, que le roba a la sobrina tan cuidadosamente vigilada. Pero, al igual que en sus otras comedias, Lasca no se interesa tanto por la acción como por unos cuantos detalles vivaces, y tam­poco se preocupa de la línea de la comedia cuando puede bosquejar unos rápidos diá­logos o alguna extravagante figura. Espe­cialmente en La Sibila se complugo en la figura del anciano abogado, pagado de sí mismo y del propio amor, con sus con­versaciones sin sentido con el criado Fuligno, que le adula y se burla de él, del solemne traje escarlata con el que se pre­senta arrogantemente para estipular por fin la boda (no sabe que Sibila ya ha dejado la casa de Michelozzo, y que Ottaviano está a punto de entrar en la suya) y que es como el símbolo de su presumida nulidad.

M. Fubini

Dibuja con mucho relieve los objetos, porque los ve claramente en su imaginación, no se preocupa mucho de la forma, ni em­plea artificio alguno; escribe hablando. Tam­poco es menos vivaz y espontáneo en el diálogo. (De Sanctis)

… rechazaba la imitación de la comedia latina y sus argumentos ahora ya manidos; si luego, sin darse cuenta, caía en esa imi­tación y esta especie de argumentos, eso es lo que ocurre a los autores populares, que siempre son más o menos literatos, aunque involuntariamente y de segunda o tercera mano. (B. Croce)