La Feria de Plundersweilen, Wolfgang Goethe

[Das Jáhrmarktfest zu Plundersweilen]. Masca­rada satírica de Wolfgang Goethe (1749- 1832). La obra, que en 1773 fue enviada casi en broma como presente a Merck, fue representada en 1778 ante la duquesa Ana Amalia con adiciones mímicas y líricas, al­gunas de las cuales fueron puestas en mú­sica por la duquesa madre, y otras adap­tadas a aires contemporáneos. En 1774 fue publicada en un volumen con la Carnava­lada del Padre Brey (v.), Peregrinaciones del artista (v.) y el Prólogo a la monigotada moral y política con el nombre de Klinger al que Goethe se los había cedido para ayudarle. Ya en los siglos precedentes el motivo de las «ferias literarias» había sido ampliamente explotado, mas sólo como fondo para dar mayor sabor a las chanzas y las sátiras. Goethe, en .cambio, llevó al primer plano todo el colorido movimiento de la feria, caracterizándola en cada uno de sus elementos. Al alzarse la cortina, el char­latán, a un mismo tiempo apuntador, médi­co y cabeza de una compañía cómica, pro­mete una verdadera tragedia: ahora ya no se lleva el género cómico, nadie quiere oír hablar de Hanswurst, el popular payaso alemán, y lo único que interesa es la virtud. Tras estas alusiones al teatro conven­cional, entonces en boga, y otras a la mi­serable vida de los pobres actores, la escena se anima con las figuras características de todas las ferias: los gitanos, el juglar, el saboyano con la marmota, el tocador de cítara y así sucesivamente.

Se abre final­mente el telón de fondo y se inicia la pro­metida tragedia de Ester, de la que se representan, separados por un breve inter­medio, dos diálogos, el primero entre Asuero y Amán y el segundo entre Ester y Mardoqueo. Los cuatro personajes, tratados casi como en una farsa, caricaturizan cier­tas tendencias religiosas contemporáneas. Así como Amán representa el ateo raciona­lista, Mardoqueo personifica uno de los muchos fundadores de sectas más o menos pietistas, y en él se puede reconocer aquel mismo Leuchtsenring al que Goethe dedicó la Carnavalada del Padre Brey. Plunderswéilen llegó a ser en Weimar tan popular que se hizo proverbial; Kraus sacó de ella también el tema para una acuarela, que, por la Navidad de 1781, Goethe regaló a la duquesa madre acompañándola con una poesía ilustrativa. En 1789 la publicó en­tera con el título La novedad de Plundersweilen [Das Neueste in Plundersweilen], haciéndola preceder de una traducción en prosa que describe la graciosa ceremonia durante la cual él mismo recitó la poesía disfrazado de charlatán y acompañado por el simbólico Hanswurst. La sátira literaria es, en esta poesía, más clara que en la pri­mera edición.

Goethe se burla incluso de sí mismo y de sus propias obras: le vemos, en efecto, cruzar el mercado llevando un cadáver (Werther, v.), seguido de un cor­tejo de suicidas y de las doncellas román­ticas, que llevan sobre bastones multicolores «las canastillas» de sus alegrías y sus penas, «un plenilunio y un ardiente corazón». En el bosquecillo se reúnen los poetas de Gottingen, mientras en medio del cuadro apa­rece la figura de Klopstock, mitad profe­ta y mitad juglar. A Wieland (v. Deutscher Merkur) alude el Mercurio sobre zancos, como también el angelito que le corona de laurel (v. Oberon). Y no falta a la de­recha, en primer plano, Goetz (v.), arro­gante y severo, encerrado en su armadu­ra. seguido por todas las manifestaciones de los titánicos «Stürmer und Dránger». Fi­nalmente, bien montada sobre sus sólidas columnas, esta Feria significa el antiguo teatro con las reglas de las tres unidades, que ahora, sin embargo, Hanswurst decora con los dos hemisferios, indicando con esto que la nueva forma teatral abraza a todo el mundo, y que la farsa está a punto de destronar a la grave tragedia. Estas obras, con Sátiro (v.), la Carnavalada del Padre Brey y otras de la misma época, pertene­cen a aquella producción de Goethe que pretendió continuar el estilo de Hans Sachs.

G. F. Ajroldi