Galán, Valiente y Discreto, Antonio Mira de Amescua

Obra del Dr. Antonio Mira de Amescua (1574?- 1644). Su obra dramática comprende co­medias religiosas, históricas, de costumbres, y autos sacramentales. Entre las comedias de capa y espada se encuentra Galán, va­liente y discreto, que pertenece al «género palaciego» que se hizo típico en este autor, pues lo cultivó con habilidad para la in­triga. La acción es la siguiente: la Duquesa de Mantua tiene que casarse, pues heredó el reino y esto la obliga al matrimonio. Acuden a pretenderla por esposa los duques de Urbino, Ferrara, Parma, y el es­pañol Don Fadrique. A éste le ha prece­dido, fingiéndose loco, su criado Flores, que se ha dado maña para introducirse en la corte de la duquesa como poeta, y así ha podido enterarse del enredo que ésta prepara a sus pretendientes: fingiéndose su propia dama Porcia, y haciendo que Porcia se finja la Duquesa de Mantua, quiere ver cuál de sus enamorados merece su mano. Ella desea desposar al que sea más galán, valiente y discreto. Advertido don Fadri­que por su criado Flores, pone cerco a la falsa Porcia, mientras la presunta duquesa (verdadera Porcia) se enamora de él tam­bién. Los duques de Urbino, Ferrara y Par­ma compiten en halagos y ternezas, en gen­tilezas y en desplantes; pero don Fadrique, sin dejar de ser cortés con la que parece duquesa, no se aparta de Porcia, verdadera­mente prendado de ella, y consigue que ella le prefiera.

Los duques no hacen caso de la que creen camarera de su dama, y no se enojan cuando don Fadrique les anuncia que se aparta del cortejo para dedicarse a Porcia. Por fin, tras salir vencedor en un fuerte lance a que la atrevida Porcia le obliga, Don Fadrique intenta darle una lec­ción de orgullo a su dama, que, vencida de amor, confiesa la verdad. Y todos bur­lados, han de conformarse con que la au­téntica duquesa de Mantua se case con el español aborrecido que supo ser para ella «galán, valiente y discreto». Los versos de la obra que citamos tienen cierto influjo calderoniano. Mira de Amescua es autor muy espontáneo y se halla libre su teatro de convencionalismos; sus personajes tie­nen caracteres delineados y firmes. Es de estilo brillante y limpio en la palabra, no­ble en las ideas. En el hombre, la mancha de su origen creó un tipo neurasténico y extraño que, al ser canónigo y arcediano de la catedral de Guadix, tuvo fuertes disgus­tos en el cabildo llegando hasta abofetear al maestrescuela. El teatro de este gran autor es un puente — en ciertos momentos ideológico — entre Lope de Vega y Calde­rón. En el volumen XLV de la «Biblioteca de Autores Españoles» puede leerse esta obra con otras varias. También los to­mos LXX y LXXXII de la colección «Clási­cos Castellanos», a cargo de A. Valbuena Prat, contienen textos y estudios que ilus­tran perfectamente sobre la rica persona­lidad de Mira de Amescua.

C. Conde