Fra Diavolo, Eugène Scribe

[Fra Diavolo ou L’hôtellerie de Terracine]. ópera cómica en tres actos, letra de Eugène Scribe (1791-1861) y Casimir Delavigne (1793-1843) y música de Daniel-François-Esprit Auber (1782-1871). Fue estrenada en París en 1830. El libreto está inspirado en la figura legendaria del famoso sanfedista Michele Pezza, conocido por Fra Diavolo, pero los autores del texto crearon una figura fantástica, haciendo del guerrero que combatía contra los franceses un bandido generoso. A la posada de un lugar cercano a Terracina llega un rico matrimonio inglés, que durante su viaje ha sido robado por la banda de Fra Diavolo. Poco después se les une un compañero de viaje, que se hace pasar por el marqués de San Marco, el cual se pone a cortejar a Lady Pamela con buenos resultados. El mar­qués, que no es otro que Fra Diavolo, se entera por el brigadier Lorenzo de que su banda ha sido batida y ha abandonado el botín. Para recuperarlo, el marqués se es­conde por la noche, con dos de sus hombres, en la habitación de Zerlina, hija del posa­dero, contigua a la de los ingleses. Descu­bierto por el brigadier, consigue salvarse por medio de la astucia. Pero a la mañana siguiente los dos hombres que la noche an­terior se habían escondido con él en la habitación son descubiertos y Lorenzo, sirviéndose de ellos, captura con una estra­tagema a Fra Diavolo.

La música está de acuerdo con el gusto predominante en aquel tiempo: vivaz, fácil y superficial, pero sin caer en la vulgaridad. Los tres actos trans­curren agradables y brillantes, sin que el autor alardee de gran originalidad en los motivos o se preocupe de caracterizar mu­sicalmente a los personajes. Los recitativos están llenos de naturalidad, las arias y las romanzas se graban fácilmente en la me­moria, como el motivo de la «Romance favorite», célebre aún hoy, al cabo de un siglo y a pesar del tiempo que hace que la ópera no se representa. No faltan tampoco los fragmentos humorísticos, como el dúo entre Milord y su mujer. Cierto es que no puede esperarse un gran interés dramático en una ópera que, ante todo, aspira a resultar di­vertida.

M. Dona