Fabrizia, Ludovico Dolce

Comedia en cinco actos de Ludovico Dolce (1508-1568), publicada en 1549. Es la penúltima de las cinco comedias de Dolce, y con el Muchacho (v.), una de las más originales, aun cuando recuerda el Eunuco (v.) y la Suegra (v.) de Terencio y el Stichus (v.) de Plauto. El argumento es bastante complicado: el joven Fabrizio y el viejo Pomponino se han enamorado de una muchacha que un alcahuete ha llevado a Mantua. Pero el uno no tiene dinero, y el otro es un avaro. Su criado Moro se pro­pone ayudar a Fabrizio, y para ello, le lleva una suma que tenía que entregar al padre del joven, Atanagio, a quien se la envía Roberto como restitución de la dote ya recibida para las proyectadas bodas de su difunto hijo con Lisetta, hija de Atana­gio. Mientras Fabrizio está a punto de en­tregar la suma al alcahuete, Atanagio pien­sa en su dinero; Moro asegura que este dinero está apestado y que no se puede to­car. Atanagio grita, el criado contesta con versos, pasa un alguacil que, por si acaso, confisca el dinero. No es ésta la única des­gracia de Atanagio; su hija Lisetta está encinta, y no se conoce al culpable; habrán sido los espíritus, dice la muchacha.

Moro urde entretanto otro engaño: viste a Fa­brizio de mujer y lo lleva al alcahuete co­mo mercancía en venta; el alcahuete cae en la trampa, acepta a la fingida muchacha, la pone a dormir con la otra, y durante la noche huyen las dos. Fingida ira de Moro y espanto del rufián. Pomponino, por otra parte, tiene también sus contratiempos: el parásito Merlino, a quien había dado el encargo de conseguir la muchacha al menor precio posible, le burla de mala manera. Por fin el enredo se deshace: la disputada joven es hija de Pomponino, que de buen grado la dará como mujer a Fabrizio; por otra parte, el seductor de Lisetta no es otro que Giulio, el hijo de Roberto, creído muer­to y legítimo marido de ella. Comedia fa­tigosa, pero hábil; los tipos, especialmente el viejo Pomponino, están bien dibujados, y en conjunto constituye un mundo vivo, li­bre de los esquemas clásicos, movido con­tinuamente por el juego escénico de situa­ciones nuevas e insospechadas.

U. Déttore