El Sobrino de Rameau, Denis Diderot

[Le neveu de Rameau]. Este originalísimo librito de Denis Diderot (1713-1784) fue escrito en 1762, pero no se publicó hasta 1823, des­pués de haber sido ya traducido al alemán por Goethe (1805). Se le ha dado el nom­bre de novela, aunque en realidad no es más que un largo diálogo, sostenido ima­ginariamente entre el autor y un extraño personaje a quien, con una buena porción de fantasía, Diderot presenta como sobrino del célebre músico Juan Felipe Rameau (1683-1764).

Diderot halla a su hombre una noche, en un café de París, célebre por sus jugadores de ajedrez; nos lo des­cribe como un parásito, en el fondo un hombre de ingenio, encauzado por su tío en el estudio de la música, y que nunca ha querido adaptarse a la regularidad de un trabajo o una profesión cualquiera; sabe de todo un poco, siendo especial maes­tro en obtener banquetes y regalos de aque­llos a quienes divierte con su ingenio. A este vivo retrato sigue una conversación o, más bien, una serie de monólogos de arrolladora soltura. Primeramente, Rameau habla de sí mismo, describe su vida de parásito, las casas de los ricos que le aco­gen en su afán de aparecer como personas de espíritu cultivado, y que se divierten con sus paradojas, temen su malignidad, le echan a la calle molestados por su despre­ocupación, y le reclaman como indispen­sable en un gran banquete de sociedad. No bastan a nuestro hombre estas charlatane­rías, llenas de agudas y sabrosas anécdotas; diserta además sobre música y ajedrez; so­bre el arte de escribir, sobre teatro, sobre el dinero; evoca la severa figura de su tío, el genial compositor que le ha puesto en el camino del arte; se conmueve ante el recuerdo del angelical carácter de su mujer muerta, habla de la educación que da a su hijo. De esta manera se saca de estas páginas una imagen de la sociedad del siglo XVIII, la sociedad de los «salons», de los filósofos, de los caballeros de espíritu selecto, de las damas intelectuales; desfilan las ideas políticas imperantes en aquel tiem­po, sobre el gobierno, sobre las finanzas, sobre moralidad e inmoralidad. Y especial­mente, sobre el dinero. Porque Diderot, en una de sus geniales visiones, descubre el poder de la riqueza, pronta a consolidarse sobre los escombros del antiguo régimen.

Y naturalmente el filósofo teme, para esta nueva sociedad, exenta de toda norma de moralidad trascendental, el peligro de un desenfrenado utilitarismo. El formidable personaje que él ha puesto en escena, el sobrino de Rameau, lo sabe también, y ex­plica al filósofo, que le oye asombrado, un horrible detalle de la educación que él da a su hijo: una vez al día, por lo menos, le enseña una moneda de oro, la eleva con veneración, la besa repetidas veces, la aprie­ta contra su pecho, y continúa incansable­mente con tal pantomima, a fin de que se imprima profundamente en el ánimo del chiquillo. El sobrino de Rameau, incapaz de resistir las trabas de una ocupación re­gular, desinteresado en el fondo, aunque maldiciendo la miseria, no logra sacar nin­guna ventaja de sus muchas aptitudes y cualidades; acaso su hijo sea distinto de él. En este escrito, que quizá es la obra maestra de Diderot, resplandecen sus más brillantes cualidades de estilista rápido, pintoresco y eficaz; ha logrado, con mara­villosa evidencia, trasplantar a estas pá­ginas sus dotes de maravilloso conversador, presentar ante los ojos del lector el exacto tono de las discusiones, las modulaciones de la voz, el gesto y la mirada del perso­naje que ha creado.

M. Bonfantini

Estoy maravillado del extraordinario in­genio de este hombre. ¡Qué erudición y qué fuerza oratoria! Se ve un gran mundo agi­tado, en donde el uno aflige al otro, donde espíritu y carácter están obligados a un ejercicio tan continuo, que ambos han de llegar a ser ágiles y fuertes. (Goethe)

Yo encuentro aquí mil ideas atrevidas, profundas, acaso verdaderas, locas y fre­cuentemente disolutas. (Sainte-Beuve)

Es el poder que el desvergonzado saca de su propio envilecimiento, cuando se ha desligado por completo de toda considera­ción de moralidad y decencia, de todo víncu­lo de honor y de afectos naturales. (Scherer)

Leed El sobrino de Rameau, la obra maestra más homogénea que Diderot haya realizado. Esta excéntrica y potente perso­nalidad se eleva con un relieve y una cla­ridad increíbles; perfil, hazañas, gestos, in­esperados cambios de tono o de posición, la identidad fundamental y todas las inúti­les formas que la desfiguran, todo está sub­rayado en el extraordinario diálogo de Di­derot .                                        (Lanson)

Es una ocasión rara y maravillosa para un francés que tiene gusto y capacidad so­lamente para la ideología o la autobiogra­fía, el dar con un tipo tan afín como para Diderot es El sobrino de Rameau, pues de esta manera él puede exponer sus. ideas, marcando, sin embargo, una distancia entre aquél y él mismo. (Drieu La Rochelle)