[The Playboy of the Western World]. Comedia en tres actos, del dramaturgo irlandés John Millington Synge (1871-1909), representada en 1907. Con ella alcanzó su más alta y vigorosa expresión artística aquel teatro que, fundado por el poeta W. B. Yeats, con el «Abbey Theatre» de Dublín, a principios de siglo, quiso emanciparse del teatro inglés y consiguió crear una original dramaturgia en el seno del amplio movimiento intelectual y político que toma el nombre de Renacimiento irlandés.
De esta típica afirmación de arte y de pensamiento, si Yeats fue el poeta y el promotor, Synge fue el artista más exquisito, profundo e intuitivo. Con sus seis dramas retrató el alma y el rostro de Irlanda en la que estas tierras tienen de peculiar y de sutilmente espiritual y satírico. El estreno de Playboy, en Dublín, desencadenó, con su violenta sátira, unas terribles disputas, especialmente entre nacionalistas y católicos, por lo que fue suprimida en el acto. Pero, volviendo a ser representada al cabo de pocos días, la extraña comedia pudo empezar su carrera triunfal y ser juzgada por los mejores públicos de Europa como una de las más bellas y clásicas comedias inglesas de todos los tiempos.
En una tosca hostería de la provincia de Mayo entra, jadeante y trastornado, un muchacho, Christy, que, tras las solicitudes de los presentes y de la linda hija del hostelero, Pegeen Mike, acaba contando que unos pocos días antes, en una discusión que tuvo con su padre, le dio con una azada en la cabeza, matándolo. La gente de la hostería, al principio maldice al desgraciado y quisiera llamar a la policía, pero luego, impulsada por la innata admiración que hay en el corazón de todo irlandés por lo excepcional, empieza a entusiasmarse con aquel tipo. El muchacho es guapo, fuerte, y le gusta sobre todo a Pegeen que, al final, cediendo a sus súplicas, le ofrece el lecho para la noche, pese a la aparición de una viuda que quería llevarse consigo al muchacho. Christy, ahora, vive bien en la hostería. Se ha revelado buen corredor, gana muchas carreras pedestres, es vitoreado por el pueblo, llega a ser, en pocas palabras, el ídolo del día.
Pero he aquí que aparece, precisamente en lo mejor de su triunfo, el anciano padre, quien, con la cabeza vendada, ha venido para recoger a su hijo y llevárselo a su casa después de una buena paliza. Al principio Christy intenta huir, pero luego, enorgullecido por el amor de Pegeen y por el favor popular, declara que enseñará a todo el mundo que si no había matado a su padre ya será capaz de hacerlo ahora y, después de una breve lucha, se arroja con una azada contra el viejo. Se oye ruido de lucha, luego un silencio de muerte. Todos, incluso Pegeen, se horrorizan por su abominable acción; mientras había sido sólo un cuento, se podía admirar a aquel muchacho por haberlo llevado a cabo, pero ahora que lo han visto con sus propios ojos comprenden «la diferencia que hay entre un cuento bonito y la realidad de la vida». Los hombres de la hostería cogen y atan a Christy y están a punto de llevarle a la policía, cuando aparece nuevamente el viejo padre.
Tampoco esta vez su hijo ha conseguido darle muerte. Ahora el padre se llevará a casa, de una vez, a aquel embustero, y a Christy ya no le queda más remedio que obedecer. El padre y el hijo sé marchan para volver a su vida, y la pobre Pegeen, que ha perdido su dulce y tan esperado instante de amor y de ilusión, rompe en un salvaje quejido: « ¡Ay de mí, ay de mí, he perdido para siempre a mi lindo Pillete del Oeste!». La comedia es típica no sólo porque dibuja la naturaleza irlandesa occidental, amante de las charlas, de las bromas y de los buenos golpes, sino también por el habla de sus personajes: pintoresca, llena de rarezas, de extravagantes confusiones, de fantásticas jocosidades. Hay en ella una amabilidad de técnica y de estilo que nos recuerda que Synge, estudioso en París de decadentes y simbolistas, había aplicado más tarde este estudio suyo a hacer resaltar el lenguaje sabroso y chistoso de los campesinos de su país.
C. Linati
El Pillete del Oeste nos parece una obra de sensibilidad moderna y de interés umversalmente humano. (Tilgher)

