El Amor de las Tres Naranjas, Carlo Gozzi

[L’amore delle tre melarance]. Fábula tea­tral del veneciano Carlo Gozzi (1720-1806), representada en el teatro San Samuele de Venecia por la compañía de Antonio Sacchi el 25 de enero de 1761. Inspirándose en una conocida fábula, transcrita por Basile en el Cuento de los Cuentos (v.), Gozzi transfor­ma, como innumerables veces en el teatro, una polémica literaria en situación teatral.

El autor sólo traza el escenario de la fá­bula, contentándose con transcribir pocos diálogos y los recitados de Morgana y de Celio. Más que contra la poesía goldoniana, dispara contra la poesía barroca de Chiari, representado en el Hada Morgana, la cual, con ponzoñas de versos alejandri­nos envenena a Tartaglia (v.), hijo del rey de Copas, inspirándole una aburrida melan­colía. Le salva Truffaldino (v.), el célebre Sacchi, que consigue hacerle reír con sus chanzas. Desde este momento la acción se convierte en fábula: Morgana inspira al príncipe el deseo de tres naranjas y éste marcha con Truffaldino. Un diablo con un fuelle les hace recorrer en un instante mu­chas millas (parodia de Chiari, que pres­cindía del sentido común) y les lleva al castillo de la giganta Creonta, donde deben vencer cuatro obstáculos: una puerta oxi­dada, un perro hambriento, una cuerda po­drida y una tahonera. Triunfan con ayuda del mago Celio, rival de Morgana (Goldo­ni), y la giganta muere declamando insen­satos versos de Chiari. La puerilidad de la fábula suspende al público entre la mara­villa y la risa. Sigue otra escena fabulosa, salpicada con las chanzas de Truffaldino: abiertas las naranjas, surgen de ellas bellas jóvenes, dos de las cuales mueren de sed; Tartaglia salva a la tercera, Ninetta, y se enamora de ella. Pero, al alejarse, Smeraldina Mora, enviada por Morgana, le cla­va un alfiler en la cabeza, transformando a Ninetta en paloma y poniéndose sus vesti­dos, de modo que el Rey quiere obligar a Tartaglia a que se case con ella. Sigue a continuación un intermedio satírico, la disputa entre Celio, que emplea vulgares versos abogadescos, y la delirante Morga­na. La paloma se aparece luego a Truffal­dino cocinero, haciéndole olvidar el asado, por lo cual el Rey viene con la Corte a pro­testar; pero, arrancado el alfiler, he aquí que la paloma vuelve a ser princesa. El Rey se sienta junto a la lumbre y juzga a los culpables, mientras los dos enamorados se encierran en la despensa esperando las bo­das. óptima escena donde se consigue una feliz combinación de tonos: fabuloso, fami­liar y juguetón.

E. Rho

 [Los dramas de Gozzi] no están imagina­dos según una mentalidad italiana, sino que más parecen obra de un alemán; y, en efecto, los alemanes los acogieron con gran entusiasmo… y en la actualidad son los únicos que mantienen la reputación de Gozzi. (Sismondi)

*      Se sacó de esta fábula una ópera, en un prólogo y cuatro actos, palabras y mú­sica de Serge Prokofief (n. 1891), repre­sentada en Chicago, en 1921.