Comedia en cinco actos en verso, escrita por el dramaturgo mexicano. Está incluida en el tomo II de las obras completas de este autor publicadas por Agüeros en 1909. La acción se desarrolla en Madrid, en casa de don Cleto y en una sala de la habitación que ocupa en ella don Dieguito. Éste, único heredero de su tío Anselmo, educado por él y enviado a la Corte a pretender, está a punto de casarse con Adelaida, hija del abogado don Cleto y de doña María. La pieza comienza con la llegada de don Anselmo a la casa en que vive su sobrino; allí comprueba que el futuro suegro de éste hace gran caso de la opinión del joven, lo mismo que don Simplicio, amigo de la familia. Tal actitud no deja de sorprender al recién llegado, que conoce bien a don Dieguito, y sabe que éste, sobre no ser apuesto ni sabio, es en realidad un tipo que presume de inteligencia y de buen talle. Incluso se las da de poeta, y en medio del aplauso de todos tiene que recitar su soneto al estornudo.
En un diálogo con Simón, antiguo criado suyo, y que ahora lo es de don Dieguito, confiesa don Anselmo no gustarle nada aquel ambiente, y se muestra decidido a ensayar un plan para demostrar «lo que vale un desengaño / siempre que nos llega a tiempo». Para ello finge acceder a la boda de su sobrino, que don Cleto y doña María quieren celebrar a toda prisa, y anuncia su propósito de establecerse en Madrid, fundar un mayorazgo, comprar un título, vivir de sus rentas y casarse. Estas noticias producen verdadera consternación, pues el abogado y los suyos se dan cuenta entonces de que el «necio» del sobrino ya no heredará ni un ochavo de la fortuna del rico asturiano. Don Dieguito se ve al punto tratado con desprecio, y es objeto de toda clase de desaires, al paso que se extreman las amabilidades y atenciones para con don Anselmo.
Mientras Simón va en busca del notario que autorice los esponsales, Adelaida no tiene empacho en confesar a don Anselmo que lo ama, y que si iba a casarse con don Dieguito era por no desobedecer a sus padres, y ante los fingidos celos de su nuevo galán, está dispuesta a arrojar al joven de su casa. Al anunciarse la llegada del notario, el inocente don Diego dice que ya no quiere casarse, y entonces le hacen ver que la boda proyectada no es con él, sino con su tío. Nueva sorpresa: el recién llegado no es el fedatario, sino cierto maragato con quien don Anselmo había hecho el viaje desde Asturias, y con el que va a marcharse en seguida a Santander, noticioso de su ruina.
Para consolar a la muchacha dícele que don Dieguito, siempre enamorado, se casará con ella; pero el escarmentado muchacho anuncia su irrevocable propósito de no parar hasta hallarse en la capital montañesa. La comedia termina con la desairada situación de don Cleto, doña María, Adelaida y don Simplicio, quienes en vano intentan volverse atrás y hacer que se olvide su indigna conducta.
A. Millares Carlo

