Diez libros de fortuna de amor, Antonio de Lofrasso

Novela pastoril publicada en Barcelona en 1573. En Londres se publicó una segunda edición en 1740, bellamente ilustrada, preparada por Pedro de Pineda, judío de origen es­pañol. El autor era natural de Alguer, ciu­dad sarda de habla catalana. Esta obra es­taría completamente olvidada, si no hubiese sido mencionada en el escrutinio de libros de Don Quijote. Cervantes dice de ella que «tan gracioso ni tan disparatado libro no se ha compuesto, y que por su camino es el mejor y el más único de cuantos deste género han salido». Tales palabras hay que entenderlas irónicamente, pues el mismo Cervantes, en el Viaje del Parnaso, de nin­gún poeta se burla tanto como de Lofrasso.

Los pocos críticos que lo han recordado lo han juzgado con la mayor dureza. Pellicer llamó a Lofrasso «poeta inculto y memo». Menéndez Pelayo dice que su libro es obra necia e impertinente, que sus versos no lo son «o por sobra o por falta de sí­labas o por no tener la acentuación debida. Además el lenguaje está plagado de sole­cismos, que delatan el origen extranjero y la corta educación del autor. La prosa pue­de presentarse como un dechado de pesa­dez… Del argumento de la obra no se hable porque realmente no existe» (Oríge­nes de la novela, I, CDXCV).

Como curio­sidades debe recordarse que en el libro sexto de la Fortuna de Amor hay un pas­tor Dulcineo y una pastora Dulcina, que debieron sugerir a Cervantes el nombre de Dulcinea; que en esta obra hay dos poesías en sardo y una en catalán; que en esta lengua está escrito también el acróstico que se forma con las iniciales de los tercetos del Testamento de amor, y que contiene un elogio de la isla de Cerdeña y una circunstanciada relación del viaje de Lo­frasso a Barcelona, con noticias de esta ciudad, curiosas por ser de primera mano.

P. Bohigas