Ópera cómica en dos actos de Wolfgang Amadeus Mozart (1756- 1791) con libreto de Lorenzo da Ponte (1749- 1838), representada por primera vez el 26 de enero de 1790. Esta obra fue encargada a Mozart por el emperador en el invierno de 1789-1790, duro invierno de miseria para el músico. Se dice que el emperador había sugerido también personalmente el asunto, según parece, en Trieste, y que había sido objeto de bromas e infinitas habladurías en el mundo brillante de la capital. En el libreto la acción se desarrolla en Nápoles.
Dos jóvenes oficiales — Ferrando y Guglielmo — apuestan con el escéptico don Alfonso acerca de la fidelidad de sus prometidas, Fiordiligi y Dorabella. Con la complicidad de la criadita Despina, se organiza la prueba; los dos oficiales fingen un repentino viaje para reunirse con su regimiento, y después vuelven disfrazados de albaneses; cada uno se aplica a cortejar a la prometida del otro. Después de alguna resistencia inicial, la doble seducción da buen resultado y están a punto de celebrarse dos fingidos matrimonios, ante Despina, disfrazada de notario. Pero todo se descubre: amargos reproches de los dos jóvenes traicionados, y por fin, don Alfonso, que ha sido el que ha dirigido toda la comedia, los reconcilia a todos, con una conclusión de resignación filosófica: las mujeres sólo siguen el impulso de su corazón. Es inútil indignarse, cuando nos hacen traición. Porque, bellas o feas, jóvenes o viejas, su naturaleza es siempre la misma: cosí fan tutte (así hacen todas). Pesa sobre esta deliciosa obrita el juicio ambiguamente desfavorable de Wagner, en ópera y drama (v.): « ¡Qué profundamente agradezco a Mozart que no le fuese posible inventar para Tito una música como la de Don Giovanni, y para Cosi fan tutte una música como la de Fígaro.».
Y la circunstancia de que su título proceda de una frase del Basilio de las Nozze di Fígaro (terceto núm. 7), con su reminiscencia o cita musical, ha acreditado la opinión de que Cosi fan tutte debe entenderse como un Fígaro menor. Ciertamente, la gracia deliciosa de la música es todavía la misma, y su voluptuosa atmósfera se acerca a la de las Nozze; pero hay un matiz diferente, que consiste en una punta de amargura cínica que las Nozze no conocieron. Con justicia se ha dicho que hay un rasgo de «crueldad infantil» en la alegría con que Mozart se aplica a escarnecer el sentimiento más noble y más sagrado que él tuvo: el amor de la mujer. Cosi fan tutte no es música despreocupada. Si la palabra no fuese demaiado fuerte, dan ganas de decir que su alegría es ligeramente viciosa. Una intuición profunda de Hoffmann, en los Hermanos de San Serapión (v.) fue la afirmación de que «la expresión de una ironía jocosa» domina la música aparentemente tan ligera y superficial de Cosi fan tutte. En su aspecto exterior y formal, Cosi fan tutte es — con su voluntaria simetría y la descarada inverosimilitud de su acción — la ópera bufa típica en su estado puro, en estado «agresivo» (Ghéon); un triunfo de gracia «rococó», como se manifiesta, por ejemplo, en el dúo «il core vi dono» del segundo acto. En el primer acto se admiran especialmente el quinteto, el fluido y dulce terceto «Soave sia il vento» y el «andante cantabile» que lo sigue. Buenísimos los dos finales de acto, movido, pintoresco y divertido el primero, todo ternura mozartiana el segundo.
M. Mila

