Cancionero de Angiolieri

Cecco Angiolieri, natural de Siena (1260?-1312/13), es el más notable de los poetas realistas de la antigua poesía italiana, incluso por ese tono bohemio de su obra que, confirmado por algún documento, se refleja en su figura de hombre. Algunos críticos han llegado inclu­so a definir a Angiolieri como humorista trágico, a la manera romántica. En reali­dad, es bastante difícil decir hasta qué pun­to su poesía resulta «amanerada», por lo que es necesario atenerse substancialmente a ella, pero sin olvidar que Angiolieri, con los tonos tan realistas de su poesía amoro­sa, probablemente tenía la intención de reaccionar contra las delicadezas aéreas y vaporosas puestas en voga por los «stilnovistas». Hijo de padre tacaño, pero capaz de gozar de la vida por su propia cuenta, Cecco impreca contra el destino que ha querido criarlo en la escuela de doña Po­breza que, a los ojos de su dama, lo hace más despreciable que un «muscione» (ga­tazo, en el sentido de sopista). Su dama es Becchina, hija de un «acomodado curtidor», mujer del pueblo, lozana y pronta de pala­bra, al principio complaciente, pero, después de haber vaciado el bolsillo de su enamorado, se vuelve mordaz e intratable y acaba por casarse con otro, mofándose del pobre Cecco.

Este, dominado por la pasión de la «mujer, de la taberna y del dado», los tres ideales de su vida, se desahoga con sus humores sarcásticos, fantásticos o apasiona­dos, imprecando contra su padre, al que desea una pronta muerte, en una larga serie de sonetos que alcanzan su cumbre en el soneto más conocido y más estram­bótico y catastróficamente triunfal: «ST fossi foco arderei lo mondo» [«Si yo fue­ra fuego, quemaría el mundo»]. En otro soneto, macabramente alegre, Cecco anun­cia la muerte de su padre. A veces parece que el poeta se aplaca o se arrepiente, y es cuando crea sonetos de un humor tur­biamente apasionado pero estridente, bre­ves pausas de una maldad amarga y a me­nudo plebeya y grosera. Cualquiera que sea la realidad biográfica que se oculta tras esta poesía, es cierto que Angiolieri se forjó una poética de temas y de formas opuesta a la «stilnovista» y que la aplicó con una firme voluntad de arte. De las relaciones entre Angiolieri y Dante hablan dos sonetos: uno se basa en la contradicción que a Cecco le pareció encontrar en el último soneto de la Vida Nueva («Oltre la spera che piú larga gira» [«Más allá de la esfera que más ampliamente gira»]); el otro, pro­bable contestación a un soneto de Dante, que se perdió, es, en su irreverencia, ver­daderamente vituperable («Dante Alighier, s’i’ son bon begolardo» [«Dante Alighieri, si yo soy buen chancero»]), y en su género, un modelo de polémica ferozmente concreta en el lenguaje. Pero Dante, como lo de­muestran los sonetos dirigidos contra Forese Donati, no era poeta que se dejase fácil­mente superar, ni siquiera en este campo de la ironía.

D. Mattalía

Angiolieri es sencillamente uno que cuen­ta sus hechos personales, sino con humo­rismo, con la intención de suscitar curio­sidad y admiración, y pocas veces va más allá de esto para rozar la poesía propia­mente dicha. (B. Croce)