Bhagavadajjukiya, Bodhayana

[El asceta tras­mutado en hetera]. Farsa india atribuida a un poeta llamado Bodhayana del que nada sabemos. Según las reglas establecidas en los tratados de dramaturgia, que determi­nan que las obras de este género dramático deben tener un acto, o cuando más dos, el Bhagavadajjukiya se compone de un solo acto y es, probablemente, una de las más, sino la más, antigua farsa del teatro indio, y según todos los indicios parece remon­tarse a los primerísimos siglos de la era vulgar. A diferencia de otras, que usan de excesiva licencia en el lenguaje y en las situaciones, la farsa de Bodhayana tiene un curioso tono satírico doctrinal y una «vis cómica» que proviene en parte del carácter de los personajes, pero sobre todo de los extraños acontecimientos que les ocurren. Un austero asceta mendicante, ligado por el voto de pobreza y sumido en profundas meditaciones de las doctrinas del «sámkhya» y del «yoga», discute con su discí­pulo sáridilya, tipo de astuto oportunista, que, deseoso de hacer carrera, se había he­cho monje budista y luego —desilusionado en sus esperanzas — había vuelto al brahmanismo pasando a ser discípulo del asceta. Penetran los dos en un jardín donde a poco llega, seguida de dos criadas, la hermosa cortesana Vasantasená, que espera ansiosa la llegada de su amante, Sánylia ha que­dado maravillado de la belleza de la mujer; pero entonces llega un mensajero de Yama, dios de la muerte, el cual debiendo, por or­den del dios, quitar la vida a la cortesana, toma la forma de una serpiente y la mata picándola. Hecho esto, el mensajero se lleva el alma de Vasantasená.

Entonces, mientras Sándilya queda consternado por la muerte de aquella mujer tan bella, el asceta —con objeto de mostrarle la potencia del «yoga» — entra en el cuerpo de ella, que torna a la vida y comienza a hablar como si fuera un asceta revestido con los atuendos femeninos. Llegan el amante y la madre de Vasanta­sená, pero al oír las palabras ofensivas de ésta, la creen poseída por algún demonio y solicitan la ayuda de un médico. Entretanto, vuelve el mensajero de Yama —que vitu­perado por haber cambiado por otra la Va­santasená que le había sido designada por su dios —, devuelve su alma para restituir con ella la vida al cuerpo. Pero al darse cuenta de que vive y se mueve, infun­de el alma de ella en el cuerpo inanimado del asceta. Entonces el asceta se levanta y comienza a hablar como la cortesana, lla­mando a una de las dos criadas e invocan­do apasionadamente a su amante. Esta cu­riosa situación se resuelve al fin por obra del propio Yama, que hace volver cada alma a su cuerpo respectivo. La crítica in­dígena ha calificado el Bhagavadajjukiya de la perla de las farsas, mostrando tenerlo en gran estima. Verdaderamente, los rápidos acontecimientos de esta característica pro­ducción están desarrollados con notable maestría escénica y con sentido artístico, y los personajes están bien delineados, a la vez que una comicidad verdadera emana del curioso cambio de almas entre el asceta severo y la complaciente cortesana. Tra­ducción italiana de Belloni-Filippi (Lanciano, 1932).

M. Vallauri