Baladas de Lorenzo de Médicis

Las Baladas del Magnífico (1449-1492), son de variada inspiración y forma, serias y festi­vas, con metros largos y metros cortos. De las baladas serias, las que emplean el grave endecasílabo se acercan a la poesía del Cancionero (v.) (influencia del Petrarca y del «dolce stil nuovo», contiendas galantes, juegos cerebrales), pero dejan entrever también la influencia de Poliziano y de la me­lodía popular. Si el contenido es el de siempre, convencional, las mismas lamen­taciones y plegarias, e incluso la forma, vaga y amanerada, la estilización se hace soportable a causa de la delicada musicali­dad. En los metros breves, al estilo meló­dico de Poliziano se sucede el dinamismo rítmico de Lorenzo, y la vivaz fluidez de los heptasílabos y octosílabos favorece rá­pidos y brillantes fuegos de artificio. En las baladas festivas, se nos presenta ade­más, el autor de la Nencia de Barberino (v.), de la Caza con Halcón (v.), de los Borrachos (v.), como poeta realista, maestro en el arte de la caricatura, de la escena, del boceto: situaciones vistas y transcritas, donde lo cómico reside en el hecho en sí, en la vida que habla. Y todo esto con una ligereza, debido al metro, ma­yor que en los poemas. La inspiración es epicúrea: variantes alrededor del viejo tema del «Carpe diem» y del «Cojamos la rosa», entonado aquí con malicioso regocijo. Re­cordemos el «Ars Amandi» en dos baladas, la XXVII y la XXVIII, donde una madre da consejos a la hija y ésta narra cómo los ha puesto en práctica (poesía puramente descriptiva, una sucesión de escenas), y las «Sette allegrezze» [«Siete alegrías»], donde a causa de cierto realismo descriptivo se in­troduce una complacencia sensual atenuada por la ironía. Finísima es, también, la «Con- fessione» [«Confesión»] donde en las inúti­les lamentaciones de un viejo bajo la capa de la confesión, se reafirma la moral epicú­rea: aquí el arte nace del contraste humo­rístico entre la forma devota y el contenido profano. Es muy discutible la paternidad de muchas de las baladas atribuidas a Lo­renzo; en general a él se deben las más realistas y a Poliziano las más discursivas y ricas en locuciones populares. Tal vez sean, también, de Lorenzo de Médicis la mayor parte de las que tienen un doble sentido obsceno, como en los Cantos carna­valescos (v.). E. Rho

Una sensualidad iluminada por la alegría y el humor. (De Sanctis)