La diligencia inglesa, Thomas de Quincey

[The English Mail-Coach]. Fantasía en prosa publicada en el «Blackwood’s Magazine» en 1849 y en un volumen en 1854, después de una minuciosa revisión: origina­riamente debía formar parte de la serie Suspiria De Profundis (v.). En su forma definitiva, la obra se divide en tres seccio­nes o capítulos: «La Magnificencia del Movi­miento» [«The Glory of Motion»], «La vi­sión de la muerte inesperada» [«The Vision of Sudden Dearth»] y «Fuga de sueño, ba­sada en el precedente tema de la muerte inesperada» [«Dream-Fugue, founded on the preceding theme of Sudden Death»].

La primera parte, la menos notable, es una di­sertación sobre las ventajas de viajar en diligencia, con divagaciones, anécdotas y una narración de las primeras experiencias de De Quincey sobre este modo de viajar, lo cual brinda al autor ocasión para presen­tar unos cuadritos de género de gusto bur­gués.

La segunda parte se abre con una disertación de carácter periodístico-enciclopédico sobre la muerte imprevista, y luego cuenta una aventura que le sucedió al autor en 1817 – 1818: en una clara noche de agos­to, De Quincey, bajo la influencia de una dosis de opio, mientras estaba sentado en el pescante de una diligencia, vio como el cochero se dormía y asistió al peligro de atropellar con el veloz y pesado carruaje a una frágil calesa en la cual iban dos enamo­rados distraídos.

En este tema se basa la deslumbrante fantasía contenida en la ter­cera parte, concebida a la manera de una fuga musical: la realidad y la fantasía se mezclan en la mente alucinada del autor; él mismo imagina que está enamorado, y que es transportado en un buque por ma­res tropicales, mientras que en otra nave está la muchacha y las dos embarcaciones casi chocan; luego la muchacha se aleja y desaparece para aparecer de nuevo entre las furiosas olas; después la escena cambia, y vuelve a ver a la muchacha apresada por arenas movedizas, mientras él se ve impo­tente para salvarla.

A la marcha fúnebre le sucede un himno de victoria y la diligencia, convertida en carro triunfal, va llevando por el mundo la noticia de la victoria de Waterloo: entra de noche en una magnífica catedral, que luego se transforma en una solemne necrópolis llena de torres donde reposan todos los muertos por Inglaterra en mil batallas, desde Grécy a Trafalgar. Fi­nalmente, a la diligencia se acerca un flori­do carruaje en el que se halla una joven- cita, que la diligencia amenaza con atropellar… Así, visiones paradisíacas y paroxis­mos de terror se alternan en esta fantasía musical, que, entre otras muchas prolijida­des y partes efímeras, contiene algunas de las más prodigiosas páginas de De Quincey, inspirado por el recuerdo de los aguafuertes de Piranesi, además del cambiante temple de las obras de Jean Paul Richter y de E. T. A. Hoffmann. La obra enlaza con la célebre obra del mismo De Quincey, Con­fesiones de un fumador de opio (v.).

M. Praz