Historia Del Graal, Anónimo

Grupo de na­rraciones del Ciclo bretón (v.), que enla­zan con los romans sobre Perceval (v.), y se refieren al Santo Graal, el vaso en que José de Arimatea recogió la sangre de Cris­to. Robert de Boron, poeta del que nada se sabe, compuso en los últimos años del si­glo XII un poema titulado Historia del Graal [Le Román de l’estoire dou Graal], que trata de José de Arimatea, que en el Evan­gelio apócrifo de Nicodemus desempeña un papel importante y es recordado en la Edad Media en la leyenda de la Vindicta Salvatoris. A esta leyenda se remontó Robert de Boron para trazar la historia de José de Arimatea y del Graal, que según él ha de identificarse con la copa o vaso que Jesús utilizó en la Cena para instituir el Santo Sacramento y que más tarde sirvió para recoger la sangre que fluía de las llagas de Cristo crucificado. Cuando, posteriormen­te, José de Arimatea fue encarcelado, re­cibió de manos de Dios el mismo Graal y lo guardó durante los largos años de su prisión. Liberado por Vespasiano y Tito, en el instante de la destrucción de Jerusalén y después de haberles convertido al Cris­tianismo, José de Arimatea abandona su patria con algunos compañeros y funda con ellos una comunidad que se reúne diaria­mente en torno a una mesa para rendir culto al Graal. El poema termina narran­do cómo el cuñado de José de Arimatea, Bron, llamado el «Rico pescador» a causa de un pez que pescó y sirvió en la mesa, un día en que se obró un gran milagro del Graal, parte para Occidente con la sagrada reliquia, después que aquél hubo revelado a éste su misterio y confiado su custodia.

Robert de Boron continuó la obra con un Merlín (v.) del que solamente se ha conser­vado un fragmento, pero del que se guarda una prosificación completa. En él, la his­toria de Merlín enlaza con la del Graal, ya que el mago predice que un caballero del rey Artús descubrirá el sagrado vaso. De este modo la leyenda del Graal queda vinculada a la Matière de Bretagne. Un tercer poema de Robert de Boron, Perceval, se conservó en una versión en prosa, en la que se narra cómo es conseguido el vaso sagrado por Perceval. En esta misma época (siglos XII-XIII) comienzan las prosificaciones de los romans de Chrétien de Troyes y las reelaboraciones en prosa de éstos y otros poemas, que pronto fueron reunidos en compilaciones cíclicas. La más antigua de ellas es la que lleva el título de Pequeño Santo Graal y que comprende el José de Arimatea, prosificación del roman de Robert de Boron; Perceval (v.), que es una adapta­ción en prosa del poema de Chrétien de Troyes; Merlín, prosificación ya menciona­da del poema homónimo de Robert de Bo­ron; La muerte de Artús (v.), en la que se narran las conquistas continentales de es­te rey, según el relato de la Historia de los Reyes de Bretaña (v.) y la obra Bruto (v.) de Wace. Otra compilación es la del Gran Santo Graal (o Lancelot-Graal), que no puede ser, como se pretende, de Gautier de Map, célebre escritor anglolatino muerto hacia 1210.

Se trata, más bien, de una compilación posterior al Pequeño Santo Graal y perteneciente al primer cuarto del siglo XIII. Se compone de cinco partes: His­toria del Graal [Estoire dou Graal] que, sustancialmente, es el Joseph d’Arimathée amplificado; Merlín, que es el Merlín de Robert de Boron con una extensa continua­ción relativa a la historia de los amores de Merlín y Viviana; Lancelot (v. Lanzarote), que es la parte más extensa y que ha dado, a menudo, nombre al ciclo entero. Contiene la historia de Lanzar ote, comprendiendo la obra homónima de Chrétien de Troyes y, sobre todo, el Perceval (v.) del mismo. Na­rra los amores de Lanzarote con Ginebra (v.), su amistad con Galeote (v.) y un en­cantamiento durante el cual, creyéndose en brazos de Ginebra, engendra, en la hija de un rey, a Galaad (v.), quien conseguirá ver el Graal. La cuarta parte es la De­manda del Santo Graal [La Queste del Saint Graal]. La parte principal utiliza el Perce­val y sus primeras continuaciones, pero aquí se prefiere, a Perceval, otro héroe más puro y casto, llamado Galaad. Perdidas las hue­llas del Graal, los Caballeros de la Tabla Redonda, Galaad, Galván, Lanzarote, Perce­val, etc., salen en busca de la sagrada re­liquia; pero solamente a la mística persona de Galaad le es reservado el honor de conseguirla. Todo ello se narra a caballo de hondas alegorías, y la misma Demanda lo es de la busca de Dios. Finalmente, la quinta y última parte es la Muerte del rey Artús, que recoge, ampliándola, la Mort Arthur del Pequeño Santo Graal, contando con gran hondura artística el trágico fin de un mundo heroico y caballeresco, una especie de crepúsculo de los dioses. La procesión del Graal tiene un significado simbólico cristiano y podría representar una alegoría de la Misa según la liturgia bizantina. En el Perceval incompleto de Chrétien de Troyes, la maravillosa aventura del héroe no tiene el significado religioso que pronto asumirá merced a un continuador anónimo y, posteriormente, de modo más preciso, con Robert de Boron, los cuales identifican el vaso que se aparece a Perceval con el de José de Arimatea.

La leyenda se convierte así en un misterio religioso y Perceval se eleva a símbolo de la cristiandad y de la redención; pero como la conquista del Graal no es ya debida a la cortesía y a la audacia, sino a un grado absoluto de elevación espiritual que él no posee, ha de ceder el puesto en la larga y penosa demanda a la mística figura de Galaad. El significado religioso se man­tiene también en el Parzival de Wolfram d’Eschenbach (v. Perceval). A éste se aten­drá Wagner para utilizarlo en su Parsifal (v. Perceval) en el que la antigua leyenda renacida con el romanticismo (v. Idilios del rey, de Tennyson) reaparece con toda la actualidad de un poema nacional. En el ciclo de la Tabla Redonda (v. Ciclo bretón) las narraciones de Perceval y del Santo Graal alcanzan una significación decisiva: con la liberación del Santo Graal terminan los «tiempos aventureros», el fabuloso pa­ganismo céltico, y comienza la nueva era cristiana en el mundo francogermánico. En la catedral de San Lorenzo, de Génova, se guarda un cáliz, ofrecido a los fieles como reliquia, que se conserva allí desde el si­glo XII, conquistado en Cesarea en 1101 e idealmente identificado con el Graal.

C. Cremonesi

*  Las cinco partes de que constaba el corpus de la leyenda del Santo Graal, llamadas Vulgata (Historia del Graal, Merlín, Lancelot, Demanda del Graal y Muerte del rey Artús), fueron reducidas a tres por el pseudo Boron, quien interpoló episodios en la Demanda y refundió en ella la Muerte del rey Artús y la continuación cambiada del Merlín. En español se nos ha conservado un fragmento de cada una de estas tres partes en un manuscrito de la Biblioteca de Pala­cio, copiado en 1469. En portugués, en cam­bio, se ha conservado el texto completo de la primera parte, traducido a su vez de un texto español que mandó redactar Juan Sánchez de Astorga en 1313. Del Merlín se ha conservado una versión española casi completa que lleva interpolado un frag­mento del Baladro que ha dado lugar al título de las ediciones posteriores (el Ba­ladro de Merlín). De la Demanda del Santo Graal y de la Muerte del rey Artús, además de una versión portuguesa, se ha conserva­do una versión muy breve intercalada en el Baladro de Merlín. El nombre de la primi­tiva compilación hispana es Historia de la Demanda del Santo Grial, y el de las par­tes de que está compuesta: 1) Libro de Joseph Abarimatía; 2) Estoria de Merlín, y 3) Demanda del Santo Grial, y aparece ci­tada como traducción del fraile Juan Vivas o Bivas, que lo más tarde que la debió componer fue en 1313, quien la sacó, como hemos dicho de Boron.