El Laberinto de las Sirenas, Pío Baroja

Novela que su autor declara es fantástica y de pura imaginación. Original de don Pío Baroja (1872-1956). Las primeras seten­ta páginas, tituladas como prólogo, son unas impresiones de Nápoles, ciudad donde el capitán Andía conoce a la marquesa de Roccanera, ya anciana, y encuentra dos tomos manuscritos en los que el marino vasco Juan Galardi cuenta su vida.

La no­vela propiamente dicha transcribe la su­puesta historia de este personaje. La com­plejidad de la narración hace tomar a ésta varias direcciones, con saltos atrás en el tiempo, por lo que el autor la divide en tres partes y cada una de ellas en dos, tres y cuatro libros. Galardi, que era «un vasco decidido y valiente», cae en Marsella en una turbia aventura amorosa, de la que sale con dificultades. Un afortunado azar le trae la protección del propietario de la compañía de navegación a la que sirve, y éste lo lleva consigo a Nápoles, donde co­noce a la marquesa de Roccanera, arrogante dama separada de su marido. Tras la peri­pecia amorosa, surge la decepción, y la marquesa lo envía como administrador suyo a sus posesiones de Roccanera, viejo y pin­toresco pueblo de la Calabria. Allí está el palacio de la marquesa, pero está también la maravillosa finca de su marido, cuya parte más sugestiva es una especie de par­que marítimo al que llaman el Laberinto de las Sirenas. La narración se remonta en el tiempo para contar cómo el inglés John Stuart construye esta maravilla, así como la vida aventurera de tan curioso personaje, que ha hecho una gran fortuna en las minas americanas.

Muere Stuart sin acabar su obra en Calabria, y deja toda su fortuna al doctor O’Neil, viudo con un hijo y una hija, quien completa la finca con la mayor magnificencia. Su hijo Roberto se casa con Laura Roccanera, y el fracaso de este ma­trimonio vuelve a situarnos en el punto de antes, reanudándose la historia de Juan Ga­lardi. Ante las dificultades y trampas que en el palacio de Roccanera le ponen los otros servidores, se traslada a vivir a la finca de O’Neil. El guardián de la granja tiene una hija, llamada Santa, con la que Galardi se casa, y del matrimonio nace una niña. In­tervienen en esta parte numerosos perso­najes secundarios que dan ocasión a episo­dios de amor y a escenas de superstición y «iettatura». Roberto O’Neil ha regresado y vive por este tiempo en su casa, habiendo tomado gran afecto al vasco. Es O’Neil un soñador insatisfecho y su afición a la poesía permite al autor intercalar en la novela varios poemas en prosa, casi todos de tema mediterráneo. Decide hacer un periplo en su goleta «Argonauta», para escribir un gran poema que versará sobre el viaje de los Hijos de Aitor. Juan Galardi manda la nave, y ésta recorre las orillas del Medite­rráneo, en una travesía llena de peripecias.

El último libro recoge, entre otros episodios, la hostilidad y el despecho de la Roccanera contra su marido y contra el que fue su amante. En un incidente amoroso secun­dario, que no afecta a O’Neil, éste es herido y poco después muere. El asesino de O’Neil sucumbe a su vez en lucha con Galardi, a quien encuentra en un acantilado. Todo ello produce una crisis espiritual en el alma del vasco, de quien se nos cuenta en un breve epílogo que, después de la muerte de su esposa Santa, ocurrida pocos años más tarde, se hizo sacerdote, mientras su única hija Roberta entraba en religión. Este breve re­sumen no puede dar idea de la riqueza de la trama novelesca, ni de la magnificencia con que están descritos los paisajes meridio­nales. Es novela grande por su alcance y sus dimensiones. Fue fechada por su autor en Rotterdam, el año 1923.

L. Monreal