El Anillo Mágico, Friedrich de La Motte Fouqué

[Der Zauberring]. Novela caballeresca del escritor alemán Friedrich de La Motte Fouqué (1777-1843), concebida ya en 1811 como lo demuestra una carta a Fichte, y aparecida en 1813. En la complicadísima trama, Fouqué qui­siera demostrar que de alemania surgió la idea de la caballería que fue «ramificándose por el mundo entero entre amores y combates» para volver finalmente a su ver­dadera patria. En efecto, en el relato el anillo mágico es sólo un pretexto y el ver­dadero protagonista es el caballero Hugo de Trautwangen. Éste tiene un hijo, Otón, quien, todavía joven, encuentra a Gabriela de Portamour que le explica que va en busca de un anillo encantado, robado a su familia por los Montfaucon; ella ha conse­guido por tres veces tomárselo a Blancaflor de Montfaucon, pero Folco, su valiente her­mano, ha derribado por tres veces también a su campeón, obligándola a restituir el anillo. En aquel momento aparece Folco que vuelve a derribar al caballero de Ga­briela. El joven Otón se presenta como nuevo adalid, pero es rechazado porque to­davía no ha sido armado caballero.

En ade­lante, sin embargo, Gabriela es su dama y el anillo, su aventura. Se hace armar caba­llero por su padre, abandona a su prima Berta que se consume de amor por él, y marcha. Rodando por el mundo descubre los amoríos del caballero Hugo de las gran­des hazañas, su padre, y encuentra por to­dos lados hermanos nacidos de mujeres abandonadas por su padre y, al fin, incluso a su propia madre, de la cual se había li­brado Hugo con sortilegios y encantamien­tos. Finalmente, tras haberse perdido y en­contrado de nuevo, se reúnen todos en el castillo de Trautwangen: sus padres se re­concilian, Berta se casa con Otón, Gabriela con Folco de Montfaucon, Blancaflor con el bardo y el anillo encantado queda en manos de Tibaldo. La acción es precipitada y no se sostiene. La obra agradó en su época por sus románticas aventuras y fan­tasías. Y el entusiasmo del autor por el mundo caballeresco es incluso sincero. Pero, «los caballeros, sean francos, o nór­dicos, continúan siendo más o menos los oficiales de la Guardia prusiana contempo­ránea del autor». En cambio hay detalles ricos de fantasía, como sucede siempre en Fouqué; hermosos cuadros decorativos y sentidos paisajes.

G. Federici Ajroldi