Diálogos muy placenteros, Nicoló Franco da Benavento

[Dialogui piacevolissimi]. Colección de diez diálogos, publicada en Venecia hacia 1539.

En el primer diálogo, el poeta Sannio sube al cielo, guiado por la virtud, para pedir justicia a Júpiter; éste no quiere recibirle y envía a su encuentro a todos los dioses, a quienes el poeta echa en cara agudamente las iniquidades y las proezas con que se hicieron célebres sobre la tierra.

En él segundo, el pedante Borgio, que ha llegado a orillas del Aqueronte, da una lección de retórica a Carón y describe vivamente los diversos aspectos del Infierno.

El tercer diálogo, entre Sannio y Eolófilo, se burla de las quimeras y alquimias que algunos, para obtener fama, se alabaron de haber encontrado.

En el cuarto se finge que Caronte interroga a unas almas que le describen las miserias y la infelicidad de las di­versas condiciones de la vida.

El quinto diálogo presenta un criado avaro, Fidalo, que reprocha a su señor Eleuterio la exce­siva liberalidad, y le enseña el arte del ahorro.

Y he aquí a Momo, en el sexto diá­logo, que, en presencia de muchos dioses, recita algunas súplicas y quejas enviadas al cielo por Rodas asediada, por Roma sa­queada y por otros lugares afligidos de graves calamidades.

En el séptimo diálogo, Afinos, Eaco y Radamanto, condenan des­pués a las debidas penas las almas de los poetas antiguos, que se hallan en el Infier­no después de una vida ignominiosa.

En el octavo vuelve Sannio, quien, con el pretex­to de enseñar al mercader ambulante Cautino todas las artes y las ciencias y cómo podrá vender todos los libros buenos y ma­les, halla modo de satirizar a filósofos, as­trólogos, leguleyos, médicos y poetas vi­ciosos.

En el noveno diálogo, Nifo y San­nio discuten si el filósofo es superior al poeta o viceversa, y concluyen que el filó­sofo debe ser estimado como superior al poeta.

Análoga discusión hallamos en el último diálogo entre Sannio y Cautano, que concluyen afirmando la superioridad del poeta sobre el príncipe. Es ésta una obra a la que no falta cierta vivacidad y cierto donaire de estilo; pero más que por sus cualidades literarias es notable por la inde­pendencia de su pensamiento, libre de mu­chos prejuicios de su época, y por su com­bativa audacia libelística.

A Prospero Marchesini

Parece como si Platón y Moliere se hubie­sen reunido para componer esta obra. (Voltaire)

Esta obra podría ser en algunos sentidos de mejor gusto, pero me parece llena de espíritu y de filosofía. (D’Alembert)