Serie de quince composiciones breves, entre los primeros escritos dialogados del autor (, que tienen por escenario el mar y por protagonistas las divinidades del mar, de los ríos y de las fuentes: las nereidas, los tritones, los céfiros y los delfines. Algunos se inspiran en temas homéricos, como el segundo, sobre Polifemo cegado por Ulises; el cuarto, sobre las transformaciones de Proteo; el undécimo, en el que el río Xan- tos se lamenta con el mar de las quemaduras recibidas de Vulcano que intervino en defensa de Aquiles.
Otros se inspiran en conocidos hechos mitológicos o legendarios, como los amores de Alfeo y Aretusa (diálogo II), argumento de una de las famosas Metamorfosis (v.) de Ovidio (v. 487 y sig.), o de Ion y Hermes (dial. VII); el salvamento de Arión por los delfines (dial. VIII); la aventura de Dánae abandonada en el mar con su hijo (dial. XII); el rapto de Europa por Zeus (dial. XV); el rapto de Amímone (dial. VI); el salvamente de Andrómeda por Perseo (dial. IV). Más que una verdadera sátira en sentido estricto, como en los Diálogos de los dioses (v.) y especialmente en los diálogos menipeos (v. Diálogos de los muertos), encontramos en los Diálogos marinos una ironía quizá ligera, pero finísima y continua, que en los mejores nace de la simple representación plástica y realista del mito, cuya pueril incongruencia pone de relieve: así (dial. III).
Poseidón, el poderoso rey del mar, se informa por el río Alfeo de los motivos de su largo y extraño viaje submarino desde Arcadia a Sicilia, y al saber que se trataba de cuestiones amorosas le anima paternalmente; pero no logra saber cómo Alfeo, en Arcadia, ha podido tener conocimiento de la fuente Aretusa, en Sicilia; y Noto (diálogo XV), después de haber escuchado de Céfiro la bellísima descripción, que recuerda la del epilio de Mosco, del viaje de Zeus transformado en toro desde Tiro a Creta llevando a Europa en la grupa, rodeado de amorcillos revoloteando y de nereidas montadas en delfines, lamenta no haber podido asistir al espectáculo, y no haber podido ver más que grifos, elefantes y hombres negros, por haber estado ocupado en el Mar Rojo.
Una nota nueva e inesperada en las obras de Luciano es el aspecto poético de la descripción del escenario marino, la vena tierna y sentimental que se encuentra en muchos de sus diálogos, como en el de Dánae (dial. XII), la belleza de sus pequeños cuadros, muy parecidos a algunos bajos relieves helenistas y a los mimos y a los idilios que a menudo se inspiran en éstos.
B. Schick

