Chantecler, Edmond Rostand

Fábula dramática en cua­tro actos y en verso de Edmond Rostand (1868-1918), representada en París el 7 de febrero de 1910. Todos los personajes que figuran son animales: domésticos, de corral, de huerto o de bosque; en medio de ellos reina el Gallo (llamado Chantecler, como en el Román de Renart (V.), y símbolo de las virtudes y defectos del pueblo francés).

Entre las Gallinas, el Perro, el Gato, los Conejos, los Sapos y los Pájaros, el Gallo anuncia la salida del sol: lo que da a to­dos, y también a él, la sensación de que es el señor del sol. Cae desde lo alto de dicha soberbia ilusión Chantecler cuando llega por azar al gallinero la Faisana do­rada, ejemplar excepcional, en quien el Ga­llo aprecia la exótica fascinación y la gra­cia de la locuacidad más florida. Junto a ella el Gallo olvida sus funciones y el sol sale sin su anuncio: ello basta para desacreditarlo no sólo entre los animales ami­gos y enemigos suyos, sino ante su propia conciencia. Las Gallinas chismorrean, el Mirlo lanza sus ironías, el Perro prodiga sus cuerdos consejos, serviles y prudentes, el Gato se entrega a sus maldades y los Sapos y Aves nocturnas croan y graznan sus venenosas maledicencias. Se urde con­tra el Gallo una conjura, impulsándole a luchar con un gallo de pelea: Chantecler está a punto de morir abrumado, pero en aquel momento un gavilán vuela en lo alto sobre la reunión de aves indefensas y Chan­tecler, solo, hace frente al enemigo común en defensa de la pequeña y atónita comuni­dad, consiguiendo alejarlo.

Debido a aquel acto heroico, comprende que todavía le que­da prestigio e incluso la Faisana le perdona su vanidad superior a su amor, aunque ha­brá de resignarse soñando en la poesía mien­tras cumple los deberes sociales más humil­des. Pero tampoco dichos deberes carecen de peligro, si el Hombre, el eterno enemigo armado y amenazador, quisiera cam­biar el Gallo por aquel Faisán dorado que está persiguiendo: por ello la Faisana, aun indignada porque Chantecler se aleje de ella y vaya inconsciente hacia la muerte, le salva, lanzándose contra el cazador y cayendo en su red. Cierto que han dispa­rado un tiro, pero mata al Ruiseñor, el poeta, el cantor de los sueños del bosque. En lugar de su voz divina sonará la voz ronca, pero cuerda, del Gallo. La fábula, rica en alegorías que se suceden con jue­gos verbales y metros ingeniosos, quiere significar demasiadas cosas para no caer en un decadentismo a veces fastidioso, si bien la comedia del gallinero está construida con elegante virtuosismo y ofrece continuas oca­siones de sátira política y literaria. Toda la fábula es una «moralidad» a menudo fuera de medida; la nota satírica está más acentuada en el tercer acto, donde el salón literario se transparenta en representacio­nes y discursos con el más evidente espíritu polémico.

M. Ferrigni