Zampa o La Novia de Mármol, Louis-Joseph-Ferdinand Hérold

[Zampa ou La fiancée de marbre]. Drama lírico en tres actos de Louis-Joseph-Ferdinand Hérold (1791-1833), con libreto de Mélesville, estrenado en París en 1831.

Zampa es un capitán corsario, cínico, bravucón y ga­lante, que pertenece a una noble familia, pero del que nadie conoce su verdadera per­sonalidad, ni siquiera su hermano Alfonso, cuya novia es objeto de los deseos de Zampa, el cual encarcela al padre de ella y lo guarda como rehén para obligar a la joven a ca­sarse con él. Personificación de la justicia suprema, la cual hará expiar a Zampa sus pecados, es la imagen marmórea de una joven, Alice, muerta de dolor por haber sido seducida y abandonada por él. Aquella estatua, que todos veneran como santa, es escarnecida por Zampa durante un orgiás­tico festín. Ella se le aparece al final, para infligirle el castigo de la muerte. La ober­tura, con arranque inicial lleno de empuje y que ofrece en forma resumida algunos temas de la ópera, es un trozo ágilmente instrumentado, pero le falta desarrollo te­mático, y su ímpetu ruidoso se aproxima a la vulgaridad.

El primer acto, que repre­senta la fiesta para la próxima unión de Alfonso y Camila, contiene una balada de estilo popular, de notable fuerza expresiva; es un canto muy poético, al que el timbre de los clarinetes da un tono ingenuo y legendario. Rompiendo la serenidad de la escena, llega Zampa con sus corsarios, cuya entrada es descrita por un grandioso cuar­teto de amplios desarrollos y de color poderosamente dramático. El segundo acto comienza con un cántico a tres voces, de sugestivo efecto. A este comienzo dulce y suave siguen muchos episodios hábilmente contrastados, como el patético encuentro de Alfonso con Camila, que ha de separarse de él, obligada a casarse con Zampa; el descu­brimiento de la verdadera personalidad de éste; la escena junto al altar donde se cele­bran las infaustas bodas y donde reaparece la estatua de mármol, que posa su fría mano sobre el hombro del criminal.

El tercer acto, más breve que los otros dos, se abre con una triste barcarola — efusión melódica del dolor de los dos enamorados —, a la que sigue una serenata coral de cálida entona­ción lírica. El episodio resolutivo alcanza un poderoso efecto dramático: Zampa sigue a Camila, que ha huido, pero se halla ante la estatua de mármol, que lo recibe en sus brazos y lo arrastra al abismo. La obra, que se cierra con una plegaria coral en honor de la santa Alice, carece en su conjunto de verdadera unidad dramática: su teatralidad exterior no halla, por el carácter impreciso del estilo, un apoyo en la música, por más que aquí y allí brillen trozos de espontánea y fresca invención rítmica y melódica.

M. Bruno