Yōruri Yū-Ni-Dan Sōshi, Onono-Otsü

[La historia de Yōruri]. Representación japonesa en doce actos que la tradición atribuye falsamente a Onono-Otsü (fallecida, según una leyen­da, en 1679), la cual, asistiendo al dictador Oda Nobunaga (1534-1582) durante una enfermedad, la había escrito para distraerle.

Se sabe, por otras fuentes, que esta histo­ria, ya desde la época del emperador Go Nara (1527-1557), era representada en los más remotos lugares, y, según estudios recientes, tuvo su origen hacia la mitad del período Muromaki, es decir, hacia la mitad del siglo XV. El Yōruri Yū-ni-dan sōshi presenta la historia de los amores del héroe popular Ushiwakamaru, que fue el nombre de juventud de Minamoto-no-Yoshitsune (1159-1189), hermano menor de Minamoto- no-Yoritomo (1147-1199), una de las más grandes figuras de la historia del Japón. Ushiwakamaru, viniendo de la provincia de Ōshū en compañía del comerciante Kaneuri Kichiyi, se detiene durante el viaje en Yahagi, en la provincia de Mikawa, en casa de un rico prócer del lugar, sin hijos, y al cual el dios Yakushi Ruri-kō Nyorai (literal­mente: El Buda señor de la medicina, res­plandeciente como el ruri o lapislázuli) había concedido una hermosa hija, llamada, en honor del mismo dios, Yōruri (el puro lapislázuli). Un día Ushiwakamaru, sin ser visto, sorprende a Yōruri que, en compañía de otras jóvenes, está tocando. Viendo que falta la flauta, saca la suya y toca una me­lodía.

Encantada por la dulzura de sus notas, Yōruri hace salir a una de sus com­pañeras, que se dirige a él con una poesía, a la cual en seguida contesta con otra poesía. Habiendo sido invitado de esta ma­nera, Ushiwakamaru entra en la sala donde se encuentra el grupo de las jóvenes y da pruebas de habilidad literaria. Es invitado luego a pasar toda la noche solazándose con música y poesía, pero no acepta y se va. No obstante, perdidamente enamorado de Yōruri, vuelve en plena noche, y entra en la habitación de la joven, la despierta y le declara su volcánico amor. Yōruri titu­bea, le ruega que se marche y que tenga compasión de ella, que ha perdido a su padre el año anterior y ahora ruega por su alma. Pero Ushiwakamaru insiste. Él también per­dió a su padre tres años antes y no ha cesado de rogar por él. ¿Por qué tendría que reprocharse su amor? También Buda cono­ció el amor.

La jovencita primero escucha, luego le dice que precisamente lo que teme es el castigo de Buda; pero al final, incapaz de resistir más, se entrega a él. Por la mañana viene la escena dolorosa de la separación. Ushiwakamaru parte con Kichiyi y llega a Fukiage, en la provincia de Suruga. Allí enferma gravemente. Kichiyi lo confía a los pescadores del pueblo y se marcha solo. Mientras Ushiwakamaru des­cansa entre los pinos de la playa, los pescadores intentan robarle el sable, pero éste se transforma en serpiente de veinte cabezas. Mientras tanto, el dios Haquiman, bajo el aspecto de un viejo sacerdote, se aparece a Yōruri y le notifica las condiciones en que se encuentra Ushiwakamaru. La joven, después de haberse separado de sus com­pañeras, vivía entonces solitaria en una cabaña de zarzas. Al recibir la noticia parte y llega a Fukiage, donde, con la ayuda de Haquiman, consigue sacar a su amante, muerto, de la arena. En este mo­mento se presentan dieciséis «yamabushi» (monjes vagabundos que vivían en los mon­tes) que, a fuerza de encantamientos, vuel­ven la vida a Ushiwakamaru.

Después de veinte días de continua y amorosa asistencia por parte de la joven, completamente res­tablecido, debe ponerse otra vez en camino. La escena de la separación es conmovedora. Los dos se ofrecen mutuamente regalos y poesías. Ushiwakamaru promete a la joven volverla a ver al día siguiente de la derrota de los Taira; luego la confía a unos gnomos que la llevan a Yahagi mientras él se pone nuevamente en camino y llega junto a Hideira, en la provincia de Mutsu, adonde se dirigía. En la historia literaria japonesa, el Yōruri yū-ni-dan sōshi tiene importancia, no por su valor intrínseco, que es bien poco, sino porque fue el precursor y dio nombre a un género literario, el «yōruri», destinado, bajo la égida de un hombre del temple de Chikamatsu Monzaemon (1653-1724), a dar magnífico esplendor al teatro llamado de marionetas.

M. Muccioli