Vieja Mortalidad, Walter Scott

[Old Mortality]. Esta novela de Walter Scott (1771-1832) fue publicada en 1816, en la primera serie de los Cuentos de mi hostelero (v.). «Vieja Mortalidad» es el apodo de un tal Roberto (Robert) Paterson que hacia finales del siglo XVIII andaba por Escocia para limpiar y restaurar las tumbas de los cameronianos (cameronians), secta de puritanos (propia­mente, rígidos protestantes escoceses llama­dos Covenanters) que tomaron las armas por motivos religiosos bajo Jacobo I.

La novela se basa en las anécdotas narradas por Roberto Paterson, y comprende el pe­ríodo de la campaña militar de 1679 contra la secta, dirigida por Juan (John) Grahame de Claverhouse, hasta la época de toleran­cia religiosa de Guillermo III; y se refiere sobre todo a las vicisitudes del virtuoso y valiente joven Enrique (Henry) Morton de Milnwood, un presbiteriano moderado que tiene ya una mentalidad adelantada digna del Ilustracionismo; éste se une al partido extremo de los puritanos escoceses como consecuencia del trato injusto que ha re­cibido de los dragones de Claverhouse, y después de muchas peripecias acaba por casarse con la sobrina de lady Margarita (Margaret) Belleden, Edith, cortejada tam­bién por lord Evandale, que muere en un combate.

Además de novela, esta obra maestra de Walter Scott es un monumento de las costumbres y las ideas de toda una época; las alocuciones de los predicadores y los más concisos discursos de los hombres de acción dan al libro un aire de familia con las obras de los historiadores de la An­tigüedad clásica: un soplo épico anima la narración. Sobre todo, en la escena de la visita de Claverhouse a la Torre de Tillietudlem, y en el episodio en que Morton es arrancado por Claverhouse a la furia de los fanáticos. Los protagonistas están tra­zados, como ocurre a menudo en las obras de Scott, con mucho menos vigor que las figuras de segundo término. De aquéllos puede verdaderamente decirse lo que Carlyle opinaba de los personajes de Scott en general: «Shakespeare forma sus perso­najes principiando por el corazón y aca­bando por su exterior: Scott los forma partiendo de la piel y esforzándose por penetrar dentro, sin llegar nunca junto al corazón».

Pero el retrato de Claverhouse que interesaba a Scott por el contraste entre su figura de caballero sin tacha y su reputación de fanática crueldad, está de­lineado muy hábilmente y son vivísimas las figuras de algunos sectarios. Ésta fue una de las primeras novelas de Scott tra­ducidas en Italia, por G. Barbieri en 1822, y, reducida a libreto, sugirió a Bellini la ópera Los Puritanos. [Trad. española de Antonio Bergnes de las Casas (Barcelona, 1838) varias veces reimpresa].

M. Ferrigni

Adonde el pensamiento de los filósofos y de los historiógrafos o el canto del poeta no llegan, llegaba la famosa novela de Scott, cuya Escocia generó otras muchas Escocias, o sea numerosas evocaciones del pasado, y representaciones de costumbres populares en todas partes de Europa, y cuya manera de describir y narrar ejerció su influencia hasta en los historiadores de pro­fesión; buema, en cuanto a sus impulsos a salir de lo uniforme e incoloro de la his­toriografía humanística e ilustracionista; pero, por otra parte, no buena, porque los hizo inclinarse a menudo a concebir la his­toria como novela histórica, pintura bri­llante y poco significativa. (B. Croce)