Versos, Guy de Maupassant

[Des Vers]. Con este título, Guy de Maupassant (1840-1893) recogió, en 1880, cierto número de poesías suyas, en parte publicadas en los años anteriores. Maupassant, que en aquel mismo año debía poner de manifiesto en Bola de sebo (v. Veladas de Médan) su talento de narrador, aparece aquí como un poeta fatal e inequívocamente prosaico.

No faltan no­taciones finas y penetrantes (las damas que se pasean de noche por un parque, «ayant toutes un peu de clair de lime à l’âme»), y apasionadas evocaciones de ríos y de cam­pos, y eficaces llamadas sensuales; pero en conjunto carece de un verdadero ímpetu lírico; analiza y expone con fuerza, con gracia, con precisión, casi sin la menor sombra de delicadeza poética. En su mayor parte estas composiciones parecen acerta­dos motivos de posibles cuentos del pro­pio autor desarrollados laboriosamente en una serie más o menos larga de alejandri­nos: así la alegre extravagancia de «Le mur», el malicioso episodio de «Une con­quête», la lúgubre fantasía sexual de «Un coup de soleil», y el melancólico cuento de «Dernière escapade» o, tal vez la más sin­cera de todas, la punzante tristeza de «Fin d’amour». Y hay hasta un sabroso diálogo satírico, caricatura de la conocida «bêtise bourgeoise»: «Propos de rues».

Preferibles son ciertas breves composiciones meramente descriptivas, que se limitan a fijar con mo­mentánea intensidad alguna que otra suges­tiva impresión («L’oiseleur», «Promenade à seize ans»). Pero las dos obras más impor­tantes de la colección pretenden ser dos pro­lijos poemas rebosantes de encendida y arrolladora sensualidad: uno, «Au bord de l’eau», brutalmente realista; el otro, «Vénus rustique», pesadamente mitologizante. El primero, publicado en 1876, tuvo éxito, y proporcionó a su autor una calurosa acogida en los cenáculos parnasianos y naturalistas; el otro atestigua de manera característica los profundos vínculos que hay entre la poesía parnasiana y el nuevo arte narrativo realista. Toda la colección presenta hoy un interés principalmente documental; testi­monio de la audaz tentativa para introducir la materia y la doctrina del «realismo» en el discurso poético tradicional, no sin el afán de escandalizar a las almas temerosas y a los conservadores de todos los géneros.

M. Bonfantini