Verdes Mansiones, William Henry Hudson

[Green Mansions]. Novela del inglés William Henry Hudson (1841-1922), publicada en 1904. Es la histo­ria del período más importante de la vida de Abel Guevez de Argensola, un venezo­lano implicado en una conjura, que ha de escapar de Caracas para que no le deten­gan.

Va vagabundeando por los bosques de la Guayana y por fin encuentra hospitalidad en una tribu de indios semisalvajes que le respetan por sus muchas habilidades y su capacidad para cantar y tocar la guitarra. Un día, en un bosque cercano a la aldea de los indios, Abel oye una voz melodiosa y que no puede ser más que la de un pájaro. Desde entonces sigue confiando en que al­gún día llegará a ver aquel ser extraño, que se figura lo va siguiendo e invitando, aunque sin comprender su lenguaje. Los indios, a los que interroga, le dicen que se trata de la hija de Didi, diosa de un río, y dan muestras de un notable terror; en efecto, ellos no van nunca de cacería al bosque donde ella vive, aunque sea rico en pájaros y otros animales. Un día el ser misterioso aparece delante de Abel. Es una muchacha llena de encanto y belleza; que habla el castellano aunque prefiere el lenguaje que le enseñó su madre. Los dos se ven a menudo, pero Rima tiene un miedo inexplicable.

Un día Abel está a punto de matar una serpiente que le acaba de mor­der, pero Rima no quiere, ya que ama a todos los seres de la tierra; y en aquel mismo día salva a Abel, que lleva consigo el veneno de la serpiente y que acaba por caer en un barranco, durante una tempes­tad. Así Abel llega a conocer a Nuflo, el anciano que salvó a la madre de Rima y que hace de abuelo de la muchacha. Rima desea saber quiénes son los suyos. Sabe que nadie la puede entender, aparte de los que son como ella, que parece una de las mismas fuerzas naturales. Abel, Nuflo y Rima echan a andar hacia el país donde murió la madre de Rima. Pero aquí Rima comprende que no hay nadie semejante a ella y sufre una grave crisis; se consuela tan sólo al darse cuenta de que ama a Abel; y, aunque no puede comunicar per­fectamente con él, se consuela confiando en un milagro de amor. Rima se marcha sola, para llegar más pronto al bosque, donde preparará todo para su boda con Abel.

Los indios la capturan y ella consigue refu­giarse en la copa de un árbol; los indios queman el árbol y Rima muere. Abel se entera de ello por un indio al que mata; más tarde hace destruir la aldea con todos sus moradores por una tribu enemiga y así toma su venganza. Pero entonces nace en él el remordimiento y, como también Nu­flo es muerto por los indios, vive solo en el bosque, casi enloquecido por el dolor y los remordimientos. Luego siente el deseo de vivir entre sus semejantes: y tras un lar­go viaje lleno de peligros alcanza la Gua­yana inglesa donde acabará sus días, con los restos de Rima, con la que quiere unirse después de su muerte. El dolor y el remor­dimiento le dan una filosofía sombría y té­trica de la que ya no sabrá liberarse nunca jamás.

La novela rebosa de originales des­cripciones de la vida natural; y crea el tipo de Rima, con sus incomprensiones y sus intuiciones, con una felicidad que es instinto, sostenida por la vena de un escri­tor muy pulido y fresco; aunque no des­provisto, en la última parte, de alguna complicación quizás inútilmente dificultosa. Hudson es maestro entre los narradores. Y la criatura dulce y llena de dudas, sencilla a su manera, aunque no desprovista de problemas en sus relaciones humanas, es una feliz creación fantástica de la novela inglesa.

A. Camerino