Trabajo, Émile Zola

[Travail]. Novela del escritor francés Émile Zola (1840-1902), publicada en 1901. Es la segunda de los Cuatro Evange­lios (v. Fecundidad, Verdad).

Lucas Froment, joven ingeniero, es invitado a Beauclair, en casa de su amigo Jordán, dueño de un alto-horno y una fundición. Llega a la ciudad arenal de una larga huelga, y por todas partes Ve los signos del hambre y de la degradación moral. Profundamente entris­tecido, le conmueve de una manera espe­cial una jovencita con la mano mutilada, Josine, indignamente tratada por su aman­te. Se subleva luego cuando en un banquete de ricos oye proposiciones de represión y de violencia contra los obreros, embrutecidos por un trabajo pesado y monótono. Impul­sado también por las teorías de Fourier, Lucas disuade a su amigo, que quería ceder la industria y se encarga él mismo de la dirección para aplicar las doctrinas del tra­bajo libre y variado, que aprovecha las pa­siones y tendencias de los hombres, y de la asociación entre capital, inteligencia y tra­bajo. Se inicia para Lucas una lucha en la que sus adversarios no sólo son los ricos burgueses, sino los mismos obreros, a los que tantos años de esclavitud han quitado toda esperanza de mejora.

Pero Lucas no se desanima, sostenido además por el amor de Josine, que se ha convertido para él en el símbolo del pueblo que sufre y que debe ser salvado. Mientras la sociedad de los propietarios y de los ricos comerciantes va desmoronándose entre escándalos familiares y financieros, la propiedad dirigida por Froment, que poco a poco ha ido absorbiendo las otras de los alrededores, prospera, ayu­dada también por los descubrimientos de Jordán, eminente hombre de ciencia; es una verdadera escuela, que educa en el amor y el trabajo, y donde confraternizan los hijos de los antiguos capitalistas y de los míseros obreros, rompiendo toda barrera de clase, segura garantía de la continuación de la obra de Lucas. La última parte, una larga y fantástica descripción de la ciudad de tra­bajo, felicidad y justicia creada por Lucas, revela la naturaleza de la obra, tardía apli­cación del pensamiento de Fourier. Hermosa, segura, sin retórica, se nos muestra la fe de Zola en el trabajo considerado como gran moralizador y purificador de la conciencia humana; pero esto no redime el ingenuo optimismo del anciano escritor, que en esta obra es donde más alejado se muestra de la compleja verdad de la vida social y de la vida íntima de las almas. [Trad. y prólogo de Leopoldo Alas (Barcelona, 1901)].

R. Barbieri