Tiempos Lejanos, Theodor Storm

[Vor Zeiten]. Colec­ción de cuentos de Theodor Storm (1817- 1888), quien en 1886 reunió con este título un grupo de las llamadas «Narraciones de crónica», antes ya publicadas aisladamen­te: «Aquis submersus», «Renata», «Eekenhof», «Crónica de Grieshuus», «La fiesta de Haderslevhuus».

Pertenecen todas al último decenio de la vida del poeta y tienen por tema, como su última obra maestra El hombre del caballo gris (v.), el nefasto poder de la superstición o de los antiguos prejui­cios humanos. «Aquis submersus» es la más importante y la más célebre de estas narra­ciones; fue publicada por primera vez en 1876-1877 en la revista «Deutsche Rundschau». El cuento tiene una especie de marco, por cuanto el poeta toma el título de un cuadro hallado por él en una iglesia de aldea, que representa a un niño muerto con un nenú­far en la mano, y debajo estas iniciales: C. P. A. S. Más tarde halló otra vez la efigie del mismo niño muerto, en los brazos de un hombre entrado en años, con traje del si­glo XVII; y en un cofrecito una vieja cró­nica que explica el enigma de aquellas iniciales: «Culpa patris aquis submersus».

La crónica narra que Gerardo, noble ca­ballero, había hecho estudiar pintura en los países Bajos a Juan, un muchacho de humilde condición. Éste, al volver ya pintor a la patria, halla a su mecenas muerto, y a la hija, la graciosa Catalina, bajo la tiranía de su rudo hermano Wulf. Mientras Juan pinta el retrato de ella, nace el amor entre ambos jóvenes. Juan va a visitar a una tía suya abadesa, a pedirle protección para la joven, pero a su regreso es sorprendido por Wulf y su acom­pañamiento de señorones que lo persiguen y le azuzan los perros. Él se refugia en el parque del castillo y es salvado por Cata­lina, que lo esconde en su alcoba. La feliz noche de amor de los infelices recuerda por su poesía el episodio de Romeo y Julieta (v.). Cuando a la mañana siguiente huye Juan, es descubierto por una ama de llaves. Entonces él pide francamente la mano de Catalina a Wulf, quien le dispara un tiro.

Recogido y curado por gente humilde, vuel­ve a la vida, pero Catalina ha desaparecido para él. Pasados unos años es invitado por un sombrío pastor protestante para que le haga su retrato, y entonces vuelve a encon­trar a Catalina, casada por fuerza por su hermano con aquel pastor; ella tiene un niño bellísimo que es hijo de Juan. Y mien­tras los dos se ven y hablan, el niño, que está jugando a la orilla del agua, cae en ella y se ahoga. El hosco pastor echa al pintor de su casa; éste no puede hacer otra cosa sino pintar a su hijito muerto de cuyo trá­gico fin, desgarrado por el dolor, se culpa a sí mismo. Paul Heyse, cuando leyó este cuento, escribió a su autor: «Casi estoy por creer que nunca has compuesto cosa mejor, tan dulce y vigorosa con una expresión de dolor puro y viril». «Renata» (1877) cuen­ta cómo la superstición, el fanatismo y el prejuicio de la hechicería pueden destruir el amor de dos jóvenes.

También aquí el poeta halla su historia en una vieja crónica de 1700. La novelita reproduce con particu­lar eficacia la siniestra y misteriosa influen­cia de la naturaleza nocturna en el corazón humano. «Eekenhof» (1879) es el nombre de un castillo de la segunda mitad del siglo XVII en que un cruel señor, Hennicke, después de haber echado de su casa al hijo de su primera esposa, Detlev, que hubiera sido heredero de ella, trata de perjudicarle con sus insidias cuando él regresa al cabo de algunos años. El joven huye con su herma­nastra Heilwig, y en la siniestra soledad del castillo queda Hennicke, rodeado sólo del horror de su culpa. La atmósfera tétrica y espectral de la narración la aproxima a una balada nórdica. «Crónica de Grieshuus» [«Zur chronik von Grieshuus»] (1883-84) es todavía más tétrica, y su tema recuerda las tragedias fatalistas: una lucha entre hermanos; tema italiano probablemente saca­do de La novia de Mesina (v.).

«La fiesta en Haderslevhuus» [«Das Fest auf Haders- levhuus»], de 1884, es una de las obras mejor logradas de Storm. Se desarrolla en el siglo XIV: Rolf Lembeck, joven señor noble del Holstein, se casa con gran satis­facción de su astuto padre con una bella viuda sensual y apasionada, Wulfhild Pogwisch, de la casa de Schaumburg. Pero pronto se aleja de ella, tanto más cuanto corre la voz de que había envenenado a su primer marido, porque le había sido infiel. Rolf encuentra en el castillo de Hadersíevhuus a la hija del comandante de éste, Dagmar, delicada muchacha con la que traba un poético idilio sin que ella sepa en realidad quién es él. Pero justamente cuando Rolf espera poder liberarse de Wulfhild, por la acusación que pesa sobre ella de haber ma­tado a su primer marido, aquella astuta mu­jer, que ha descubierto la infidelidad de él, y el objeto de su amor, se lo revela todo al padre de la muchacha, quien a su vez repro­cha a su hija el ser amante del esposo de otra mujer. Esta revelación es, para la deli­cada criatura, mortal.

Antes de morir hace jurar a su padre que permitirá a su amante verla otra vez, cuando esté muerta. Pero el padre se venga diabólicamente; invita a Rolf a una fiesta para la boda de su hija, y cuando él llega hace pasar delante de él el cadáver de Dagmar. Loco de dolor, Rolf arrebata a su amada del féretro, la sube a la torre del castillo y se tira desde lo alto abrazado al cadáver de la joven. Este final es excesivamente tétrico si lo comparamos con las delicadas y románticas escenas de amor, llenas de claros de luna y de cantos de ruiseñores; pero esto no impide que la narración sea una de las creaciones más finas y sugestivas de Storm.

C. Baseggio-E. Rosenfeld