Sintram y sus Compañeros, Friedrich de La Motte Fouqué

[Sintram und seine Gefáhrten]. Novela del es­critor alemán Friedrich de La Motte Fouqué (1777-1843), publicada en 1814. Se ins­pira en el conocido grabado de Durero El Jinete, la Muerte y el Diablo. En un som­brío y almenado castillo de Noruega vive Biorn Ojos-de-fuego, valiente y cruel. Su mujer, la suave Verena, asustada por su ferocidad y deseosa de expiar por él, se ha retirado a un convento. Su hijo, Sintram, es perseguido por una pesadilla que se repite todos los años al acercarse la Navidad, en la cual se ve acosado por dos horrorosos compañeros: un esqueleto y un hombrecillo que se ríe con escarnio. Llega al castillo un primo de Normandía, Folco de Montfaucon, valiente entre los valientes, generoso defensor de los débiles, y con él su bellísima esposa Gabriela. Sintram, ya adolescente, se enamora de ella, impulsado por su genio malo que trata de tentarle con el recuerdo de Elena y París. A veces prevalecen en él los sentimientos virtuosos; lleva a cabo actos de valor, y el mismo Folco le arma caballero.

Otras veces preva­lece el espíritu diabólico; en una cacería de osos, en que Folco al rompérsele un esquí se precipita a un barranco, Sintram está a punto de abandonarle, cuando miste­riosamente le llega la llamada de su ma­dre lejana. Para luchar contra su demonio, Sintram se retira a un castillo situado en una alta montaña, y allí lleva una vida de eremita; Folco y Gabriela regresan a su país. Al cabo de muchos años de caídas y arrepentimientos, Sintram llega a ser digno de volver a ver a su santa madre. En los dos compañeros que andan a su lado la noche en que va a visitar a su padre mo­ribundo, reconoce a los dos de su pesadilla: la Muerte y el Diablo. Pero él ha vencido, y gracias a su virtud Folco y Gabriela le confían a su único hijo para que le adies­tre en las nobles artes de la caballería. La breve novela, a pesar de su romanticis­mo amanerado, contiene cierta poesía que proviene de sus tipos algo irreales: el del anciano castellano nórdico, en que nostalgia y ternura luchan contra sus feroces ins­tintos; el de Rolf, el buen criado de Sin­tram; el del juez de Steinburg, misterioso y encerrado en sí mismo hasta el día de la muerte reveladora. También son encan­tadores los paisajes, las misteriosas madru­gadas y ocasos, la vida de los solitarios castillos, y las antiguas fiestas y tradicio­nes contrastan con el Cristianismo porta­dor de una nueva y redentora ley de per­dón y amor.

B. Allason