Siete Millones Robados o La Cruz Saboyana, Vittorio Imbriani

[Sette milioni rubati o La Croce Sabauda]. Novela de Vittorio Imbriani (1840- 1886), publicada en Bari en 1938 por Nunzio Coppola. El profesor Pasquale Giannattasio, de la Universidad de Nápoles, invita a su casa a un individuo que había conocido muchos años atrás en París. Éste, a las pocas horas de llegar, anuncia excitado que, de un modo imprevisto, le acaban de llamar de Sicilia, y al partir entrega a su amigo una maleta para guardar. Giannatta­sio lee en el periódico la noticia del ase­sinato de dos empleados del Banco de Nápoles y del robo de los siete millones que los mismos transportaban.

El ladrón, detenido camino de Palermo, se suicidó; su identidad es dudosa y no aparece el dinero robado. Giannattasio sospecha por muchos indicios de su huésped y se turba de tal manera que ha de recurrir a un narcótico para conciliar el sueño. Al despertar, abre la maleta y, en efecto, encuentra en ella los siete millones. Tras largas vacilaciones, decide quedarse con ellos y gastarlos en beneficio de la patria. Con la exaltación de quien se siente investido de una misión di­vina, empieza a llevar a efecto un sinfín de obras benéficas. Entre otras cosas funda un periódico, «La Cruz Saboyana», median­te el cual logra llegar a ser ministro y do­minar la vida política italiana, llevando a cabo felizmente su amplio plan de refor­mas: fortalecimiento de la monarquía, eli­minación de todos los elementos de origen republicano, revolucionario, etc., concilia­ción con el Papa, guerra contra Francia, conquistas coloniales.

De la cantidad ro­bada no emplea ni un céntimo para sí y los suyos; sin embargo, hacia el fin de su vida, turbado por el problema de la suce­sión, solicita una audiencia para pedir con­sejo al Papa. Éste le reprocha tan dura­mente su deshonestidad y su orgullo, que decide confesárselo todo a sus hijos, y, su­friendo atrozmente, despierta del largo sue­ño lleno de las visiones que le proporcio­nó el narcótico. Y no sin lamentarlo. La nóvela, que es una de las últimas obras del autor, no fue corregida, y en algunas par­tes quedó incompleta y esquemática. Sin embargo es interesante porque, con su in­trusión de lo serio en lo jocoso, parece re­tratar la doble naturaleza de Imbriani, artista extravagante y genial, faccioso apa­sionado, intransigente y reaccionario.

E. C. Valla

Con la misma dureza con que Alfieri se lanza contra la molicie metastasiana, Imbriani nos presenta a un italiano difícil y huraño que a veces llega hasta a molestar; sin embargo está basado siempre en una segura originalidad. Tampoco ama la len­gua que podríamos llamar manzoniana: ama una lengua aristocrática, en la que mez­cla palabras áulicas con palabras plebeyas, palabras togadas y populares; pero incluso en el empleo de la frase común y a lo mejor burocrática, pone siempre una in­tención vigilante y escogida. Lo que él emplea, se hace imbrianesco. (F. Flora)