Séraphita, Honoré de Balzac

Obra narrativa de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1835. Constituye el testimonio más audaz de aque­lla inspiración mística con la que Balzac, si bien desenvuelve paralelamente en otras obras su poderoso realismo, intentó con insistencia la «novela filosófica».

La obra se desarrolla, durante un invierno, en una región de Noruega perdida entre los hie­los y las nieves. Sobre la altísima e in­accesible cima del Falberg, que jamás po­der humano había logrado violar, la dulce y frágil Minna, hija del pastor del lugar, tiene la sensación precisa de que el ser que ha podido conducirla hasta lo alto y que le ha hablado con una voz que los hombres ignoran es ahora el dueño de su alma y su corazón. Pero también Wilfrid, el sabio extranjero que un precoz invierno ha retenido en Jardis, se siente prisionero de la fascinación de esa extraña persona. El ser misterioso, omnisciente en su tierna juventud, para Minna es Séraphitus: un hombre en posesión de todos los dones de la femineidad; para Wilfrid, en cambio, ese ser es Séraphita: una deliciosa jovencilla dotada de una mente de ingenio viril. Esta ambigüedad origina el éxtasis y el tor­mento de los dos enamorados. Pero lo mis­mo a Minna que a Wilfrid, Séraphita habla un lenguaje de amor que trasciende a la carne y que considera a Dios como su vértice máximo. Séraphita, en realidad, es un espíritu bajo forma humana: y quien se le aproxima queda prendido en el círculo de una sugestión que eleva y purifica.

Y cuando con el anuncio del estío nórdico siente Séraphita que le llegó la hora de recogerse al mundo del espíritu, indica a los dos amigos el camino de la perfección, que ellos deberán recorrer unidos. El ex­traño relato, claramente inspirado por la filosofía religiosa de Swedenborg, la cual se nos muestra a través de amplísimas di­gresiones poéticas, adolece de un desequi­librio íntimo, ya que Balzac no ha sabido escoger entre el poema liricofilosófico, al estilo de Shelley, y el drama humano que podía surgir de la situación novelesca así planteada: lo que no obsta para que se encuentren en esta obra páginas de indu­dable potencia artística y de admirable sugestión. [Trad. española de Torcuato Tas- so Serra (Barcelona, 1903)].

M. Bonfantini