[Dramatische Sprüche]. Es el título de conjunto que el gran maestro cantor alemán Hans Sachs (1494-1576) dio a sus 208 composiciones poéticas de contenido dramático, que dividió en Fastnachtspiele (v.), comedias, tragedias y «spiele» (= acciones). La designación «spruch» (= lema, sentencia, máxima) procede de la finalidad moralizadora que tienen todas estas composiciones, en cuanto que su tema es como una ejemplificación de la enseñanza moral que al final es anunciada por un «herold» (= heraldo, mensajero).
Mientras las Fastnachtspiele tienen características propias, las comedias y las tragedias se distinguen entre sí únicamente por el final conciliatorio o por menos todavía. Son de tema clásico, o medieval, o religioso. Las de contenido clásico toman sus motivos de las grandes obras poéticas e históricas del clasicismo tan celebrado por el movimiento humanista: los Meneemos (v.) de Plauto, el Eunuco (v.) de Terencio, el Pluto (v.) de Aristófanes, y después Lucrecia, Virginia, Cleopatra, Clitemnestra, Mucio Scévola, etc. Las de contenido medieval se inspiran en las sagas germánicas, en los poemas caballerescos, en los Libros populares alemanes (v.), en la novelística (Boccaccio), en las crónicas, etc., como Sigfrido el de la piel de cuerno (v.), Sigfrido, Oliveros y Artús, Tristán (v.), Melusina (v.), Pontus y Sidonia, Octaviano (v.), Fortunato (v.), Griselda (v.), etc. Finalmente, las de contenido religioso se inspiran sobre todo en la Biblia (v.) y tratan de «El pecado original», «La Natividad de Cristo», «La Pasión», «El Juicio Universal», «Josué», «Gedeón», «Sansón», «Judit y Holofernes», «El hijo pródigo», «Los hijos desiguales de Eva», etc. Estas acciones dramáticas no responden a los criterios modernos del teatro.
La acción es sólo exterior y arbitrariamente está dividida en actos, y no hay en ella ninguna división en escenas; no hay tampoco ningún desarrollo ni de carácter ni de intriga, de manera que carece de todo dramatismo y no tenemos sino una sucesión de diálogos sin íntima coordinación. Esto sucede porque Hans Sachs opinaba que el cometido del teatro sólo consistía en «representar dramáticamente una historia», o sea redactar una fábula en forma dialogada y con una apariencia de teatro. Tomaba una narración cualquiera y la dialogaba cuidando de la exactitud del relato, no aspirando tanto a una finalidad artística, como a referir en forma popular temas de útil o interesante conocimiento. Ninguna preocupación por escoger y concentrar, ningún sentido de las diversas necesidades de la acción escénica ni de las de un relato (un mismo tema es a veces tratado indiferentemente en obras de carácter diverso; así «Los hijos desiguales de Eva» se repiten en un «spiel», en una comedia y en un poemita sentencioso); a menudo en el ámbito de una acción se encierra una vida entera, desde el nacimiento hasta la muerte; o bien lo episódico se extiende y sus líneas se borran; como en su acción no hay dramatismo, es inútil buscar en ella un sentido de lo trágico ni de lo heroico. Hans Sachs es un poeta exquisitamente burgués, no tiene más íntima comprensión que la del mundo en que vive y se inclina a reducirlo todo a los límites de ese mundo.
Esto es evidentísimo en el caso de Sigfrido (v.), que para él se convierte en un jovenzuelo desenfrenado y temerario, que efectúa toda suerte de fanfarronadas y finalmente halla la muerte que se merece — ejemplo para los jóvenes descarriados—. Así la familia de Adán (v.) y Eva (v.), a los que el Señor baja a visitar, viene a ser una familia burguesa de su Nüremberg. ¡Pero qué habilidad en describir lo que forma parte de su mundo, lo que cae bajo su observación directa, como aquellos hijos de Eva — cinco buenos y cinco malos — que viven ante nosotros con sus maneras buenas o descomedidas, con sus gestos, su habla! Entonces, por encima de los anacronismos y las ingenuidades, hay en Sachs un popularismo, un sano y fresco gozo en describir y hablar, la franca humanidad de un poeta que en el ejercicio académico del canto no ha secado la vena que rebosa en él, tal como nos lo presenta justamente Wagner en sus Maestros cantores de Nüremberg (y.). Pero más a menudo su facilidad es ya demasiado desenvuelta y sin freno, y gran parte de su obra dramática, privada de verdadera y cuidadosa elaboración artística, no conserva ya sino un valor histórico y cultural.
A. G .Alfero

