San Matorel, Max Jacob

[Saint Matorel]. Novela de Max Jacob (1876-1944), publicada en 1909. Es una de las primeras obras del poe­ta y ha ejercido gran influencia sobre la generación literaria que conoció la expe­riencia del Dadaísmo (v.) y la del Surrealismo (v.). La edición definitiva incluye bajo el mismo título Las obras burlescas y místicas de fray Matorel, publicadas por primera vez separadamente en 1911, y El asedio de Jerusalén, drama celeste, publi­cado en 1912.

La primera parte está forma­da por la novela propiamente dicha: breve narración de la vida y de la muerte en olor de santidad del padre Manassé, monje y después prior del convento de Santa Te­resa en Barcelona, en el siglo Víctor Matorel. Tras un sucinto prólogo, en el que se afirman entre otras cosas que fray Matorel ascendió al cielo en el caballo negro de los muertos en tanto que sobre su ca­beza aureolada volaba un cisne, un capítulo titulado «La tierra» narra las peripecias terrenales de Víctor Matorel, pequeño em­pleado de la fábrica de muebles Chériet y Compañía, y más tarde empleado en el metropolitano de París, el cual, después del matrimonio con la muchacha a quien ama­ba, cede a sus tendencias místicas y se dis­pone a la conversión; el capítulo siguiente, titulado «El cielo», es la crónica de su vida espiritual hasta la conversión religiosa: las visiones y alucinaciones místicas que tuvo en el curso de una enfermedad se convir­tieron después en coloquios con el Ángel y por fin con el propio Cristo, la víspera de su muerte. Una página titulada «Fin del prólogo» añade que Matorel volvió a la tierra para sufrir la vida humana como po­bre hombre de la calle, y que después se ha convertido en santo.

La misma línea temática de la narración siguen las Obras burlescas y místicas: se trata de una serie de poesías (cantos, poemitas, «couplets», cancioncillas y romances: todos los géneros poéticos están representados en ellas, pero en forma paródica) escritas por el propio Matorel y conocidas después de su muer­te; en ellas se desarrolla, reflejada en sus cantos, su historia profana y su historia mística. El asedio de Jerusalén tiene, por el contrario, forma dramática (a veces no extraña al Fausto, v., pero como parodia crudamente irónica), y lleva el siguiente subtítulo: «gran tentación celeste de San Matorel». En los fastos del cielo tienen lu­gar las diversas fases de la tentación y por último la prueba final a la que Dios somete a Matorel para hacerle merecer la santidad: prueba que el buen fraile, natu­ralmente, vence, y a la que sigue inmedia­tamente su muerte gloriosa. Pero antes de morir tiene tiempo de dar gracias a Dios «por haberle hecho comprender que el cielo corresponde a Satanás». En esta frase queda resumida la ironía fundamental, las dudas, la mezcla sutil y sin prejuicios de lo sacro y lo profano que informan toda la obra, en la que el poeta ha reflejado su extraña y fascinadora naturaleza de inocente ten­tado, y eternamente seducido por su propia y extrema inteligencia.

La historia de Ma­torel se desenvuelve, en parte, en la rea­lidad y en parte en los presentimientos; es la propia historia de Max Jacob, el judío de éxtasis místicos y por último convertido, cristiano y católico hasta la muerte, lo mis­mo que su joven fraile; pero lo que tiene verdadera importancia en la obra es su for­ma poética: acto de fe en la inmediatez, en la libertad absoluta, pero profundamente consciente de la expresión. Transposiciones y conexiones de imágenes y de palabras en relaciones hasta entonces inusitadas, y sin embargo límpidas y simples, lejanas de las lucubraciones gratuitas de los que en el «Dadaísmo» se fingieron poetas sin serlo, son el encanto de la poesía de Jacob; y se considera generalmente como poesía tam­bién su prosa. Los límites clásicos de la expresión lírica están en ella anulados, nue­vas dimensiones poéticas nacen del puro proceder de la expresión desde el alma, de manera que la realidad se identifica con la imaginación y aparece nueva, aunque no es sino la más antigua y común.

G. Veronesi