Rosa Bernd, Gerhart Hauptmann

[Rose Bernd]. Drama del escritor alemán Gerhart Hauptmann (1862- 1946), publicado en 1903. Con esta obra pa­rece que el autor vuelva en cierto modo al Naturalismo, recogiendo un tema ya am­pliamente utilizado, con fines más o menos tendenciosos, por muchísimos escritores de todos los países (recordemos tan sólo Re­surrección, v., de Tolstoi): el de la mu­chacha aldeana que se pierde y mata el «fruto de su pecado».

Parece ser que el asunto le fue sugerido al autor en una sesión del tribunal, ante el que fue reque­rido para formar parte como jurado. Y la trama tiene la apariencia, en realidad, de un hecho sucedido. Rosa cede al afecto de su amo, que está casado con una mujer que le aprecia, pero que está enferma y no puede salir del hogar. El ambiente de la familia campesina a que Rosa pertenece, mira naturalmente con desprecio a la joven caída. Pero llega algo peor: un picaro, el primero que advirtió el estado en que se halla Rosa, quiere aprovecharse de ella, casi obligándola con una especie de chantaje, mientras el amo espera hasta el fin bus­cando una solución imposible a tal situa­ción. Sobre este tenebroso fondo, el autor supo evocar, al menos, una figura delicada que contrasta con la del ambiente: la es­posa del amo, mujer de gran corazón que se dirige amorosamente a la pobre mucha­cha y la invita a que se confíe a ella; pre­cisamente el momento culminante del drama es, posiblemente, aquel en que Rosa resiste a la afectuosa invitación de esta voz mater­nal y ve fatalmente cerrado el camino de una posible salvación.

Desde este instante su destino está escrito; y con tanta seguri­dad, que parece se sigue, más que los acon­tecimientos de una trama naturalista, una «Schicksaltragodie», hasta tal punto Rosa va cayendo en el delito: mata (en un mo­mento de desesperación) a la criatura que ha nacido. Y, al terminar el drama, su ho­rror se manifiesta en un grito: «No quería que viviera. No debía vivir mi martirio» (acto IV, última escena), y este terror que ahora le inspira la vida, llega a conmover a los más rígidos familiares y conocidos. La descripción ambiental es felicísima: abunda el uso del dialecto y las figuras están esbozadas con dureza y fuerza. Tanto en el teatro de Hauptmann como en todo el inspirado en los cánones del Naturalismo (v.), Rosa Bernd representa uno de los ejemplos más logrados. Lo que le caracte­riza, precisamente, es el mantenerse neta­mente cerrado en una tendencia, en un movimiento, sin conseguir lanzarse libre­mente por los caminos del gran arte.

R. Paoli